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La barba de la colmena de abejas

Las elevadas temperaturas durante el verano, son un factor importante de estres en las colmenas de abejas, que éstas se ven en la necesidades de combatir para proteger su nido, lo que las obliga además de a un sobreesfuerzo, a desatender otras actividades.

El interior de la colmena deabejas, debe mantenerse aproximadamente en torno a los 35 grados; de subir más la temperatura, se pone en peligro la propia estructura de los panales dado que la cera se ablanda, y se pone en riesgo también la vida de las crías. En esta situación no es raro que la colmena sufra un «parón», al cesar la reina de poner huevos para que no siga aumentando la población y, con ella, la temperatura interior.

Aire acondicionado de la colmena

Ya hemos hablado en alguna ocasión del «aire acondicionado» de la colmena (ver en este mismo blog «la importancia del agua para las abejas») que las abejas ponen en funcionamiento para liberar calor del interior del nido, generando corrientes de aire, y almacenando gotitas de agua en las celdillas.

La barba de la colmena de abejas

Otra medida que las abejas adoptan cuando la temperatura es excesiva dentro de la colmena, es salir a su exterior, posándose sobre la parte frontal de la colmena, y por debajo de la misma.

Esto da lugar a un curioso fenómeno característico de esta época que los apicultores denominan «hacer barba», por la semejanza con una barba del cúmulo de abejas que se forma alrededor de la entrada de la colmena.

la barba de la colmena de abejas

Abejas «haciendo barba» en una colmena

Polinización de orquídeas

Una polinización compleja

La polinización de las orquídeas, debido a la complejidad de sus flores y a las intrincadas interacciones con sus polinizadores, es un asunto complejo que ha captado  a lo largo de los siglos la atención de numerosos científicos, incluyendo a Charles Darwin.

Adaptación a la polinización por animales

El 97% de las orquídeas necesitan un polinizador para que la transferencia de polen de una planta a otra sea llevada a cabo. Debido a que el polen de las orquídeas se encuentra agrupado en masas llamadas polonias, la simple acción del viento no es suficiente, por lo que la acción de animales que la polinicen (moscas, abejas, avispas, mariposas, aves…) se hace imprescindible.

Pero esto supone que los animales en cuestión, deben verse incitados a visitar sus flores de forma regular, a distinguirlas, a detenerse en ellas el tiempo suficiente, y a que el roce de su cuerpo con los órganos sexuales de la flor sea tal que garantice la fecundación.

Por ello, muchas orquídeas utilizan reclamos y recompensas para atraer a sus polinizadores, e incluso recurren al engaño.

Veamos ejemplos de orquídeas polinizadas por abejas.

1.- Orquídeas que simulan poseer néctar:

Muchas especies de orquídeas poseen un espolón, cada especie de un tamaño y color específico. No obstante, casi ninguna de las especies con espolón aportan néctar. Sin embargo, las abejas reconocen en estas estructuras una fuente de alimento porque en las flores de otros tipos de plantas si aportan néctar, y por tanto las visitan; puede decirse por tanto que estas orquídeas engañan a las abejas (y abejorros y otros tipos de himenópteros) para forzarlas a visitarlas, y por tanto polinizarlas. Sin embargo, a pesar de esta estrategia el insecto es engañado sólo temporalmente, por lo que tras visitar 2 ó 3 flores acaba abandonando la planta, produciéndose sólo una fecundación parcial. Otras formas de reforzar el engaño es mediante la emisión de aromas y el colorido de los labelos (rojos, blancos, rosas, violetas y cualquier combinación entre estos colores) y los centros de color o manchas y líneas que convergen hacia la entrada del espolón, que se han interpretado recientemente como marcas de guías de néctar.

La polinización se produce cuando el insecto en su ansia por alcanzar el supuesto néctar contenido en la espolón, roza los retináculos, que son dos pequeñas bolsitas que están compuestas de una sustancia pegajosa, de forma que a los pocos segundos quedan adheridos los polinios a la cabeza del insecto, los cuales serán transportados, junto con el polen que contienen, a otras plantas cerrando el ciclo de polinización.

Orquídeas típicas de este proceso son las que pertenecen al género Orchis y Dactylorhyza.

polinización de orquídeas

Orchis máscula

2.- Orquídeas que poseen néctar:

Cuando las plantas ofrecen una recompensa real al poseer néctar, aunque son las menos, el insecto permanecerá durante varios minutos y por lo tanto la posibilidad de fecundar flores de la misma espiga es mucho mayor que en el caso anterior.

Son muy pocas las orquídeas que aportan néctar: Aceras anthropophorum y Anacamptis pyramidalis.

polinización de orquídeas

Aceras anthropophorum y anacamptis pyramidalis

3.- Orquídeas que simulan poseer polen:

Este caso se produce en orquídeas del género Cephalanthera, en las que en el labelo se simulan estambres de color amarillo anaranjado. Por ello hay insectos que intentan recolectar este polen, e incluso llegan a rascar la superficie del labelo. No obstante el insecto reconocerá pronto el engaño, visitando sólo una o dos flores. El resto del proceso de polinización es similar a los casos anteriores.

polinización de orquídeas

Cephalantera longifolia

 

 

enjambrazón

Control de enjambrazón: división de colmenas

El otro día, os explicábamos en qué consistía la enjambrazón. Solo a modo de recordatorio, decir que consiste en el abandono de la colonia de abejas por parte de la reina, junto con un más o menos numeroso séquito (de una colmena pueden salir varios enjambres, siendo el primero siempre el más grande).

Aún siendo un proceso natural de reproducción, este fenómeno siempre supone un perjuicio para cualquier apicultor , por dos motivos: la pérdida de población y por tanto de capacidad para recolectar miel que sufre la colmena, y el retraso que para su desarrollo supone el tener que criar a una nueva reina.

Control de la enjambrazón

Por ello, la enjambrazón es algo que en apicultura siempre se tiende a controlar. Para ello, además de ampliar el espacio en la colmena mediante la superposición de alzas, cosa que retrasa el fenómeno y permite un mayor desarrollo de la colonia, la medida más efectiva, que además sirve para ampliar el colmenar, es dividirla antes de que salga un enjambre.

Y eso último es lo que hicimos la pasada semana con las colmenas de nuestro colmenar didáctico, al ver que su población comenzaba a aumentar. Para ello, sacamos unos cuantos cuadros de las colmenas a dividir, y formamos una nueva colmena que trasladamos a otro colmenar. Es importante asegurarse de que en los cuadros escogidos, además de abejas suficientes hay huevos o larvas jóvenes, de menos de tres días. Este detalle es muy importante, pues de otro modo las obreras no podrían «fabricar» una reina nueva.

A los pocos días, en una inspección a las nuevas colmenas, esto es lo que nos encontramos:

división de colmenas y control de enjambrazón

Puede verse que, tal y como era de esperar, las obreras han construido varias celdas de abeja reina, claramente diferentes de las demás por su característica forma de cacahuete. De ellas, en 16 días nacerán varias jóvenes reinas, de las cuales finalmente solo vivirá una, que será la reina de la nueva colmena.

El enjambre de abejas

¿Qué es un enjambre de abejas?

Un enjambre de abejas, no es sino un grupo de abejas que están de viaje, en busca de un lugar donde establecer una nueva colonia. La formación de un enjambre de abejas o enjambrazón supone la división natural de una colonia de abejas, y consiste básicamente en que la que la abeja reina abandona su colmena de origen acompañada de un buen número de obreras. La formación de un enjambre de abejas es un fenómeno natural que suele producirse principalmente a finales de primavera o principios del verano, cuando las colonias de abejas están fuertes y los individuos se apelotonan en su interior, careciendo de espacio para seguir desarrollando la colonia. Existen diversas teorías sobre el mecanismo que hace que una colonia de abejas enjambre; falta de espacio, escasez de feromona real («olor a reina») en la colmena por envejecimiento de la abeja reina,… pero el resultado es siempre el mismo: una parte de las abejas de la colonia, acompañada por su reina vieja, abandona la colmena para buscar un nuevo alojamiento.

enjambre de abejas en una encina

Enjambre posado en una encina en la finca «La Ladera y Picazos», en las proximidades del Aula Apícola Sierra de Hoyo.

Como preparación de su viaje y en previsión de sus futuras necesidades, las abejas que componen el enjambre previamente se habrán llenado el buche de miel, lo cual les proveerá no solo de alimento para su nueva casa, sino de material de construcción, ya que es esa miel la que les permitirá generar la cera necesaria para construir los nuevos panales. Conviene recordar que en términos generales, podría decirse que para generar un kilogramo de cera, las abejas necesitan consumir diez kilogramos de miel.

En busca de nueva casa

La salida del enjambre de abejas de una colmena se producirá de forma tumultuosa y acompañada de un fuerte ruido, producido por el aleteo de los miles de abejas que lo componen. Inicialmente el enjambre se posa en una rama arbusto o saliente próximo a la colmena, adoptando el clásico y llamativo racimo de abejas. Una vez posado, del enjambre comenzarán a partir en todas direcciones abejas exploradoras, en busca de nuevos alojamientos donde fundar una nueva colonia. De retorno a la colmena, estas abejas exploradoras comunicarán a las demás abejas del enjambre la ubicación del alojamiento que han encontrado. El lugar elegido finalmente por el enjambre para instalarse de forma definitiva, lo será por una especie de «votación popular», donde el mayor número de visitas es el factor decisivo para elegir uno u otro de entre los alojamientos propuestos por las exploradoras.

La forma en la que las abejas exploradoras informan al resto de las abejas que componen el enjambre sobre la ubicación del alojamiento que han encontrado, es la misma que la utilizada para informar sobre la ubicación de una fuente de néctar: el llamado baile del ocho, que os explicaremos más adelante en este blog.

Reinas de sustitución

Con anterioridad a la partida del enjambre de abejas, las abejas obreras fabrican nuevas celdas reales, para reemplazar a la reina vieja cuando ésta abandone la colmena. La abeja reina que abandona la colmena es siempre la reina vieja, por lo que siempre es la reina nueva (recién nacida) la que ocupa el lugar de abeja reina en la colmena original.

Control de la enjambrazón

Por supuesto, la enjambrazón no es algo deseado por ningún apicultor, por cuanto que significa la pérdida de abejas en la colmena, y el consiguiente debilitamiento de la misma. Más adelante en este blog os explicaremos cómo hacemos para controlar este mecanismo natural de reproducción de la colmena, de forma que nos podamos aprovechar de él para ampliar nuestro colmenar. Estas medidas pasan principalmente por controlar el vigor y el espacio de la colmena en la época crítica, por provocar su división controlada antes de que la enjambrazón se produzca y, aunque esto no entraría dentro del control propiamente dicho, en la instalación de cajas capta enjambres para favorecer que cuando un enjambre de abejas abandone nuestras colmenas se instale en un lugar controlado por nosotros.

De momento os contaremos sólo, a modo de curiosidad, que antiguamente se pensaba que era posible hacer que, una vez un enjambre de abejas abandonaba la colmena, se posara debido a la intervención del apicultor. En muchos libros clásicos de apicultura, se dice que el ruido producido golpeando cacerolas u otros instrumentos, o el reflejo del sol en un espejo enfocado hacia el enjambre, hace que éste detenga su viaje y se pose en algún árbol o arbusto cercano. No obstante, en muchos otros libros, se dice que lejos de servir para el propósito buscado, estas maniobras solo sirven para provocar un innecesario revuelo en el enjambre.

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Cómo actuar ante un enjambre de abejas

Con la llegada de la temporada de enjambrazón, es frecuente la aparición de enjambres de abejas en viviendas o en la vía pública. ¿Qué se debe hacer en estos casos?

En primer lugar, es necesario destacar que un enjambre de abejas es, por naturaleza, sumamente pacífico. No obstante, podría darse el caso de que las abejas hubiesen sido excitadas por diversos factores, como por ejemplo ruidos inadecuados en las proximidades.

Por ello es conveniente tomar ciertas precauciones dirigidas a evitar riesgos innecesarios.

La primera medida a adoptar sería informar a la gente que se encuentre en las proximidades de la presencia del enjambre de abejas, y señalizar o acordonar la zona. Conviene avisar a la Policía Local para que ellos se encarguen de hacerlo.

El siguiente paso, sería avisar a algún profesional cualificado, como apicultores locales o los bomberos, para que proceda a la retirada del enjambre y traslado a un lugar adecuado.

Es importante evitar cualquier manipulación inapropiada del enjambre y, por supuesto, su excitación mediante el lanzamiento de ningún tipo de objeto para intentar alejarlo, lo cual podría enfurecer a las pacíficas abejas.

Recuerdos de olor a miel. Una abeja enfadada

Una abeja ¿a qué velocidad puede volar?. Consultando bibliografía, leo que una abeja obrera puede volar a entre unos 24 y unos 40km/h, dependiendo de cual sea la dirección del viento. Bastante deprisa, hubiera dicho simplemente yo, sin haber dispuesto de esa información. Y es que aún recuerdo que con unos doce años, y siendo un chaval bastante ágil y rápido, a mí me costaba una buena carrera deshacerme de mi perseguidora cuando, tras haber abierto mi padre las colmenas, alguna abeja malhumorada se empeñaba en perseguirme para picarme o, simplemente, alejarme de su colmena. ¡ Y qué insistencia la suya!.

Picadura de abeja

Debo decir, no obstante, que eran ocasiones poco habituales; a pesar de estar el colmenar a escasos cincuenta metros de la casa de «La Ladera», la presencia del mismo solo era perceptible si uno se acercaba a él lo suficiente como para que el zumbido procedente de las veinte o treinta colmenas que normalmente en él había se hiciera audible. De hecho, a mí me gustaba acercarme a él y arrodillarme a observar el incesante trajín de abejas que, sobre todo en primavera y verano, animaba las piqueras, y descubrir a algunas portando amarillas bolitas de polen, signo inequívoco de que dentro había crías que alimentar y que la colmena estaba viva.

Pero cuando mi padre «hurgaba» en ellas, especialmente si era verano y ya quedaba poca flor en el campo, o si había sacado miel, la cosa cambiaba. Entonces, era mejor no acercarse al colmenar, so pena de recibir algún que otro picotazo.

Recuerdo uno en particular, que finalmente tuvo para mí un sorprendentemente agradable final…

Normalmente, cuando una abeja se pone agresiva, suele dirigir su ataque hacia zonas oscuras,  en particular al pelo, donde suele acabar enredada, cosa bastante desagradable. Y así hizo una enfurecida abeja un día en que, tras haber estado mi padre trabajando en las colmenas, yo tuve la imprudencia de acercarme demasiado a ellas. En mi afán por evitar la picadura, recuerdo que manoteé sobre mi cabeza, con tan mala fortuna que en uno de esos movimientos, intentando protegerme los ojos, dejé a la abeja encerrada entre mi mano y un ojo. La abeja, me picó en el párpado. Y ahí quedó la cosa… hasta que a la mañana siguiente, lunes, mi madre me levantó para ir al colegio. Al intentar abrir los ojos, solo pude abrir uno; el otro, aquel en el que me había picado la abeja, parecía una pelota de ping-pong morada.

¡Cómo iba yo ir al colegio con aquel aspecto!. Lloré y lloré hasta que, cosa rara en mi madre, pues para eso era dura de pelar, conseguí convencerla para que me dejase quedarme con ella.

¡Vano sacrificio el de aquella abnegada abeja!. Al final, casi acabé agradeciendo su picotazo, pues gracias a él pasé la mañana de compras con mi madre, y acabé volviendo a casa con unas cajas de soldaditos de juguete.

No obstante, la experiencia sí que me hizo ser más precavido a partir de entonces, y esforzarme por interpretar y respetar el estado de ánimo de las que tras el correr de los años, acabarían siendo compañeras de trabajo.

Nacho Morando, Noviembre de 2014

Peripecias de un apicultor novato. Cosecha milagrosa

Peripecias de un apicultor novato. Episodio duodécimo.

“Una cosecha milagrosa”.

Sin apenas darme cuenta, mi colmenar había ido aumentando hasta aproximarse a las setenta colmenas, lo que, naturalmente, exigía al límite mi capacidad de dedicación, sobre todo, teniendo en cuenta el limitado tiempo que me permitía mi trabajo profesional. Sin embargo, mientras pudiera resistir, no estaba dispuesto a renunciar a mi proyecto. Sería como recortarle las alas a un pájaro que hubieras criado tú desde chiquito.

Para entonces, aquel primer extractor de cinc con la abeja dorada en un lateral había terminado totalmente desvencijado, el pobre. No estaba diseñado para tantas exigencias. Así que, aprovechando (y mal que insista en ello) mi condición de “manitas”, hacía algunos años que había construido uno de seis panales, mucho más estable y capaz de proporcionar mayor rendimiento. Paralelamente, también había tenido que ir aumentando poco a poco la capacidad de los depósitos de maduración, pues, salvo algunas temporadas realmente malas, las cosechas de miel parecían jugar a competencia con mis previsiones.

Como muestra, un botón. Recuerdo que aquel verano teníamos programadas las vacaciones al Grove para la segunda quincena de agosto. En previsión llevé a cabo la cata hacia últimos de julio. A medida que iba sacando los paneles de las alzas, me parecía que pesaban más de lo normal. No me equivocaba, porque, inmediatamente, me sentí desbordado y pensé en el milagro de la multiplicación de los panes. Terminé llenando cuatro recipientes de 200 l., lo que consideré una cosecha magnífica, teniendo en cuenta que, como ya he referido en otra ocasión, nuestra zona no se puede considerar altamente melífera. Antes de marcharnos a Galicia, volví a colocar las alzas en las colmenas, con el fin de que, al regreso en septiembre, las abejas hubieran limpiado los panales para su mejor almacenamiento en invierno.

Mal me imaginaba yo lo que me aguardaba al regreso de vacaciones. Tras unos días de reposo, allá por el día doce o trece de septiembre, tomé mi R-6, retiré los asientos de atrás para ampliar espacio, y, acto seguido, me subí al colmenar con la idea de recuperar las alzas que suponía vacías y limpias. Me esperaba una gran sorpresa. Nada más destapar la primera colmena, ya observé algo extraño. En la parte superior de los panales amarilleaba la cera nueva, lo que me hacía suponer que, por alguna extraña razón, las abejas habían continuado almacenando miel. “¡Que contrariedad!”, pensé. Abrí otra, y sucedía lo mismo. Tras observar las cabeceras de distintas colmenas, pude comprobar que mis obreras, las hacendosas empleadas de mi empresa, no habían dejado de trabajar un solo instante, en tanto que yo y toda mi familia nos habíamos estado solazando en las playas de la Lanzada y de La Toja.

Conicas de un apicultor novato. Alzas repletas de miel

Cuando me sucedía algo así, sentía una gran satisfacción, pero luego, en contra de lo que cabría esperar, cambiaba radicalmente. Al ver la gran cantidad de miel almacenada, comenzaba a sentir aquel agobio que solía invadirme ante la incertidumbre de no saber cómo deshacerme de ella. Para colmo, cuando logré hacer aquella segunda cata a mediados de septiembre, todavía salieron otros 400 kilos. No sabía en donde meterla y tuve que improvisar numerosos recipientes de todo tipo.

No veía salida a tanta miel y os aseguro que me sentí sobrepasado. No sabía qué hacer. Pero sucedió que, comentando lo sucedido entre la familia, alguien me sugirió inesperadamente el nombre de una posible compradora. Otro nuevo milagro. A partir de entonces se iba a hacer cargo prácticamente de la totalidad de mis futuras cosechas. No os imagináis qué peso me quitó de encima. Os hablaré de de ella en el próximo episodio. Vale la pena.

José Núñez López, Noviembre de 2.014

¿Qué hacen las abejas en otoño?

Una vez pasada la época de recolección del verano, la colonia de abejas se prepara durante el otoño para afrontar la invernada.

Como primera medida, en septiembre, los zánganos son expulsados de la colmena, pues su aportación a la comunidad (fecundación de las jóvenes abejas reinas), deja de ser necesaria, y por contra consumen recursos necesarios para la colonia.

Es época para completar las reservas de miel (alimento calórico) y polen (alimento protéico) con los últimos aportes que las plantas les ofrecen, tales como la hiedra, que florece en esta época, o árboles como encinas y robles, de cuyas bellotas obtienen una secreción dulce con la que elaboran los llamados mielatos.

polen de abejas

Reservas de polen en un panal

El alimento calórico, es lo que permitirá a la colonia soportar los rigores del invierno; el alimento protéico, el que permitirá el relanzamiento de la colonia al llegar la primavera.

Abejas longevas

Después de la mielada de verano, en los inicios del otoño, con los panales con reserva suficiente para pasar el invierno, la reina comienza a reducir la puesta de huevos y simultáneamente van muriendo las abejas viejas agotadas por la ardua tarea del pecoreo intensivo del verano. A medida que disminuye el trabajo de pecoreo, también disminuye la actividad de las abejas nodrizas que ya no tienen que alimentar tanta cría. El desgaste de proteínas corporales disminuye y se acumula en las abejas nuevas, que a medida que no tienen que alimentar más larvas van adquiriendo mayor fortaleza y reservas adiposas y proteicas (proteínas corporales) que redundarán en una mayor longevidad de las mismas.

Este acopio de proteínas, que realizan en su propio organismo, será de vital importancia con la llegada de la primavera. En esa época, estas abejas longevas se encargarán de alimentar a las nuevas larvas. Larvas que, al nacer, deberán a su vez consumir mucho polen para volver a alimentar a una gran cantidad de larvas que multiplicarán el nido y producirán las abejas para la nueva mielada. Se dará así comienzo un año más al ciclo de vida de la colonia.

¿Cuánto dura la vida de la abeja?

Esta es una de las preguntas que nuestros visitantes nos suelen hacer con mucha frecuencia durante el recorrido de la Senda Temática del Aula Apícola Sierra de Hoyo.

Nos centraremos en el caso de la abeja obrera, que como ya sabéis es la más numerosa de la colonia de abejas. La respuesta es, como diría un gallego, «depende». Depende, de cuándo haya nacido.

La vida de la abeja de invierno

Si la abeja nació a finales del verano u otoño, su expectativa de vida será de unos tres meses. Eso, si la colonia está adecuadamente preparada para soportar los rigores del invierno; es decir, si tiene suficientes reservas de alimento.

En este caso, la abeja pasará la mayor parte de su vida con una muy escasa actividad, y por tanto desgaste corporal. Se limitará a contribuir junto con el resto de sus compañeras a mantener la temperatura en el interior de la colmena, formando un racimo, tal como vimos en este mismo blog «¿Qué hacen las abejas en invierno?«.

La vida de la abeja en verano

Por contra, si la abeja nació en primavera o principios del verano, el tema se complica para ella, pues le espera una vida de constante y frenético ajetreo, con continuos vuelos diarios en busca de néctar, polen, agua y propóleo. Su cuerpo, especialmente sus alas, sufrirán un rápido desgaste y un proceso de envejecimiento acelerado, que acortará su vida a unas tres semanas aproximadamente.

Ello, suponiendo que no se tope en alguno de sus muchos viajes con un abejaruco, o alguno de los múltiples depredadores que las acecharán para intentar capturarlas al menor descuido.

Muy ilustrativo el siguiente vídeo, espectacular, de una araña capturando una abeja mientras liba el néctar de una flor.

La importancia del agua para las abejas

El agua es un recurso esencial para la supervivencia de las abejas, aunque a menudo pase desapercibido frente al polen y el néctar.

Hay dos cosas para las que las abejas necesitan el agua.

La primera de ellas, por supuesto, es la alimentación, dado que el alimento que las abejas nodrizas proporcionan a las crías, el llamado pan de abeja, compuesto por miel y polen, lleva también un elevado porcentaje de agua.

Además, el agua cumple una función digestiva: las abejas la mezclan con el néctar para facilitar su transformación en miel y para alimentar a las larvas.

Pero en verano su importancia se multiplica, puesto que las abejas la utilizan no sólo para hidratarse, sino también para regular la temperatura dentro de la colmena.

El aire acondicionado de las abejas

Durante los meses de verano las abejas necesitan agua para refrescar la colmena, dado que la temperatura en su interior debe permanecer en el entorno de los treinta y cinco grados, para que los panales de cera no se deterioren.

Para conseguir que a pesar del calor que pueda hacer en el exterior de la colmena la temperatura en su interior se mantenga en esos límites, durante la época estival las abejas pecoreadoras cogen agua en charcas, acequias, charcos  etc, y la acarrean a la colmena, donde la almacenan en el interior de celdillas vacías.

Otras abejas se sitúan en la entrada de la colmena y, mirando hacia su interior, se ponen a batir las alas, como si de un ventilador se tratase. De este modo, consiguen que el aire circule desde el interior de la colmena y, al evaporarse el agua almacenada, se produce un descenso de la temperatura.

Este sistema natural de “aire acondicionado” es crucial para proteger a las crías y mantener la cera en estado óptimo.

abejas ventilando la colmena

abejas ventilando la colmena

Durante esta época, las abejas pecoreadoras (las que por su edad salen al exterior de la colmena en busca de alimentos) pueden volar varios kilómetros para encontrar agua y acarrearla a la colmena.

Visitas a las colmenas: abejas reina

Os decíamos el otro día que al hacer la primera visita del año a nuestras colmenas, habíamos visto algo en una de ellas que nos había hecho pensar que la abeja reina de esa colmena era, probablemente, una abeja reina inexperta. Una abeja reina novata, vamos.

¿Que cómo lo sabemos? pues simplemente, porque la  inexperiencia de una joven abeja reina se traduce, en ocasiones, en una puesta de huevos anormal, algo «alocada».

Abejas reina y obreras «ponedoras»

En primer lugar, aclararemos que la abeja reina es la única abeja de la colmena que puede poner huevos. Bueno, no exactamente; es la única que puede poner huevos fecundados. Un matiz muy importante, porque en casos extremos, también algunas abejas obreras pueden llegar a desarrollar el «instinto materno» que las incite a poner huevos. Pero no serán huevos fecundados, pues la abejas obreras no tienen sus ovarios desarrollados, y es una situación que suele desembocar en la muerte de la colmena. Otro día os explicaremos el motivo.

huevos de abejas reina

Huevo de abeja reina, de 1 día

Volviendo al tema de la reina novata: las abejas reina experimentadas, ponen un huevo por celdilla, que depositan al fondo de la misma; comienzan en el centro de los panales, y van extendiendo la puesta de huevos en espiral, hacia el exterior.

Pero lo que el otro día encontramos en nuestra colmena, era que en algunas de las celdillas en lugar de un solo huevo había varios, lo cual podría ser signo de la inexperiencia de su abeja reina. Es cierto que algunas alteraciones de origen nutricional y/o genético pueden dar lugar también a esta anomalía, pero suelen ir acompañados de otros síntomas, que en este caso no se daban.

Aunque algún lector avezado podrá preguntarse ¿y no podría ser que esos huevos fueran de una abeja obrera?. Pues no. ¿Que por qué lo sabemos?, pues por dos detalles importantes, que nos revelan, aún sin haberla visto, que hay una reina en la colmena.

Pero eso, si os interesa, os lo explicaremos en nuestra siguiente entrega, para no liaros más por hoy.