Archivo de la categoría: Organización social de las abejas

Visitas a las colmenas: despertando

Nuestro colmenar didáctico comienza a despertar a la primavera. Pero que conste que es sólo una forma de describir el comienzo de actividad en las colmenas; las abejas, no hibernan.

Comienza el buen tiempo, y con ellas las primeras visitas de la temporada a nuestro colmenar didáctico. Es el momento indicado para ver cómo han pasado las abejas el invierno; las nuestras, lo han pasado bien.

visita familiar a las colmenas

visita familiar a las colmenas

Aunque durante el invierno la entrada y salida de abejas por la piquera de la colmena algunos días soleados y no muy fríos, nos puede servir de indicador para intuir el estado de la colonia, nunca sabremos cómo está realmente hasta que comience el buen tiempo, pues nunca es bueno abrir la colmena con bajas temperaturas.

A simple vista y con la simple observación de la piquera, ya antes de abrir las colmenas vimos que las colmenas no sólo estaban vivas, sino que como era deseable, estaban empezando a criar. Signo de ello eran las abejas que entraban en la colmena portando bolitas de amarillo polen en su tercer par de patas, polen que va destinado precisamente a dar a las jóvenes larvas el suplemento de proteínas que necesitan para su crecimiento.

Una vez abierta, confirmamos lo ya imaginado; en la parte central de los panales centrales de las tres colmenas, con la característica distribución de capas concéntricas, se distinguen perfectamente los huevos en el centro, y más hacia el exterior las larvas de menor a mayor tamaño, hasta llegar a celdas con cría ya «operculada», encerrada en las celdillas y pasando a oscuras la última etapa de su transformación a abeja adulta.

En esta zona, es normalmente hacia febrero cuando la abeja reina comienza a poner huevos, de forma que el nacimiento de las nuevas abejas obreras, 21 días después de puesto el huevo, coincide con la presencia de flores en el campo. El objetivo es que la población de la colmena sea lo mayor posible cuando más abejas haya en el campo, de modo que la cantidad de miel recolectada al final de la «campaña» sea lo mayor posible.

Os iremos contando más cosas que veamos en nuestras colmenas en sucesivas visitas. En ésta, además de ver que las colmenas están vivas y criando, percibimos que la reina de una de ellas es un poco novata…..  ¿Que por qué lo sabemos? eso os lo contaremos otro día, si decidís seguirnos.

Visita guiada a las colmenas

Aunque si lo preferís, os animamos a que os vengáis con nosotros, y así os explicaremos todas estas cosas allí mismo. Os podemos asegurar que será una experiencia excitante, que os asombrará.

Peripecias de un apicultor novato (I)

Como sabréis si leéis de vez en cuando nuestro blog, desde hace unas semanas el padre de Clara, Pepe, nos está ayudando con las tareas de acondicionamiento de nuestro Huerto Escolar. Quizás estemos abusando un poco de su buena disposición a colaborar con nosotros y de su afición a escribir (aunque sabemos que en el fondo le hace ilusión), y le hemos pedido que nos cuente también sus experiencias como apicultor, que lo fue y durante muchos años en su Galicia natal. Este, es el primero de sus relatos.

Peripecias de un apicultor novato

Episodio primero.

Yo he sido apicultor durante más de cuarenta años, y ahora mis hijos, Clara y Nacho, me han pedido que cuente mis peripecias de principiante. Tengo 80 años y dicen que a esta edad nos gusta rememorar nuestras aventuras del pasado, porque creemos que han sido excepcionales. No es éste mi caso, pues más bien creo que las mías pertenecen  al común de los mortales. Aún así, os cuento.

Jamás se me había pasado por la imaginación dedicarme a la apicultura. Pero no porque mi madre dejara de recordarme de cuando en cuando que en su familia siempre había habido alguien que se dedicara al cuidado de las abejas. Me hablaba con frecuencia de su tío Joaquín, que fuera maestro y había tenido colmenas, hasta que un accidente lo dejó inválido y hubo de abandonar profesión y colmenas. Recuerdo que algunas veces hasta me llevaba al terreno del viejo colmenar y me mostraba restos de corchos y maderas en descomposición, que habían pertenecido a las antiguas colmenas. Creo que trataba de inocularme el veneno de la apicultura, aunque, muy a pesar suyo, no lograba hacer mella en mi desinterés.

Pero, cuando menos lo esperaba, intervino el azar. Tenía yo veintitrés años y trabajaba en las oficinas de una Empresa, que estaba construyendo en nuestro pueblo una central hidroeléctrica. Era el mes de abril y calentaba ya la primavera. Cuando regresaba a casa después del trabajo, mi madre me esperaba en la puerta mostrando en su cara gran excitación. Tomándome de la mano, me acercó a la vieja higuera que había al fondo del huerto.

-Mira, Pepe –me dijo emocionada-, mira lo que cuelga de esa rama….

-Y ¿qué es esto, madre? –contesté mientras contemplaba aquella bola negra.

-¡Un enjambre, no lo ves, hijo, un enjambre enorme! –trató de aclararme.

-Y ¿qué quieres que haga yo con él, madre? –le pregunté un tanto desconcertado.

-Hay que hacer una colmena, pues no podemos dejarlo escapar. Los enjambres levantan el vuelo al día siguiente, nada más que calienta el sol…

Acababa de recibir la primera lección de apicultura por parte de mi madre y aquella noche me costó coger el sueño, pensando en cómo salir de aquel enredo. Pero, sin que yo me diera cuenta, ella ya me había clavado el primer aguijón de los muchos que habría de soportar a lo largo de mi actividad de apicultor…

En el próximo relato os contaré cómo di forma a la colmena que quería mi madre.

José Núñez López

enjambre como el hallado por el apicultor novato

 

Abejas y polinización: plantas labiadas

Hablar de abejas y polinización, no es sólo hablar de la consecuencia del trabajo de las primeras sobre la segunda, sino es hablar de una relación de intercambio entre los insectos y las plantas. El mecanismo mediante el cual las llamadas plantas labiadas, tales como salvia ó romero, son polinizadas por las abejas, constituye un bonito y curioso ejemplo de colaboración o adaptación mutua (y hay teorías que dicen que incluso coevolución) entre las abejas y algunas de las flores que polinizan.

esquema de una flor

Todo parte de la existencia de un interés mutuo entre ambos agentes:

La flor, en este caso la de las plantas labiadas, ofrece a su huésped un líquido azucarado (néctar) que éste necesita para elaborar la miel.

A cambio, la flor es fecundada al transportar la abeja que la visita, sobre su cuerpo y enganchado en los pelillos que lo recubren, el polen recogido en una visita anterior a otras flores de la misma especie, y haciéndolo llegar al estigma de la flor.

En el caso de la flor de plantas labiadas como la salvia, la lavanda o el romero, la propia flor constituye un ingenioso mecanismo que, a modo de trampa, “fuerza” a aquellas abejas que quieran libar de sus nectarios a cubrir su cuerpo con polen, que en sucesivas visitas a otras flores de la misma planta irá siendo esparcido entre ellas, produciendo su fecundación y, en consecuencia, iniciando la cadena de producción de semillas.

plantas labiadas: el romero

Abejas y polinización : el caso de la salvia

El ingenioso mecanismo, explicado en la siguiente viñeta sacada de la revista El Cárabo (un clásico para los amantes de la naturaleza en nuestro país), consiste básicamente en una plataforma sobre la que se debe posar la abeja para acceder al cáliz de la flor. Cuando la abeja se posa sobre esa plataforma e intenta acceder al néctar, los estambres de la flor golpean el cuerpo de la abeja, cubriéndolo de granos de polen que quedan enganchados en los pelos que lo recubren.

abejas y polinización

De este modo, cuando la abeja abandona la flor para volar a otra, se ha cumplido una doble misión; la abeja lleva en su buche el néctar que la flor le ha ofrecido, y al mismo tiempo transporta sobre su cuerpo el polen de la flor, produciéndose de este modo la llamada polinización cruzada.

Es importante destacar que la abeja melífera es sin duda el mayor polinizador que existe en la naturaleza. Ello, es debido a que se trata de una de las sociedades más organizadas del reino animal, que vive en colonias compuestas por numerosísimos individuos, y con un alto grado de especialización y efectividad en su trabajo como polinizador.

Colmena de abejas ¿Monarquía o República?

No, no vamos a hablar de política, sino de la colmena de abejas.

Aunque en otros posts hablaremos sobre este tema, mencionaremos hoy que existen tres tipos de abejas; la reina (hembra), los zánganos (machos), y las obreras (hembras). La reina es la única abeja fértil, capaz de poner huevos de los que luego nacerán otras abejas, machos ó hembras. Las obreras son la mayor parte de las abejas de la colmena, y son las que desempeñan la mayor parte de las tareas, a excepción de la fecundación de la reina, única tarea de la que se encargan los zánganos, y de poner huevos, única tarea que desempeña la reina. De las tres castas de abejas, solo la reina y las obreras tienen aguijón; los zánganos, que son las más grandes de las tres, no tienen aguijón.

La colmena de abejas para algunos escritorios de la antigüedad

Aunque hoy es bien conocida la existencia de estos tres tipos de abejas y la función de cada una de ellas el desarrollo de la colonia, no siempre fue así; la abeja, ha sido uno de los animales más estudiados del reino animal, existiendo tratados sobre ellas de autores clásicos como Aristóteles, Virgilio, Plinio, Columela,… cuyos conocimientos, como es lógico, distaban mucho del conocimiento que actualmente se tiene, fruto de siglos de estudios y descubrimientos. Desde la perspectiva actual, resulta curioso e incluso enternecedor releer lo que algunos sabios de la antigüedad deducían de su interpretación de la realidad que observaban en una colmena de abejas.

Colmena de abejas

Grabado de una edición alemana de 1565 del Naturalis historia, de Plinio el Viejo

Así nos lo describe el Abate Rozier en su «Curso Completo ó Diccionario Universal de Agricultura teórica, práctica, económica, y de medicina rural y veterinaria» (1797) :

«Dictamen de los antiguos filósofos sobre el jefe de la república de las abejas.

Los antiguos filósofos no han conocido el sexo del jefe de la república de las abejas, a quien daban título de rey. Aristóteles, Virgilio, Plinio, Columela, y otros muchos después de ellos, han pensado que el jefe era macho, aunque estaban persuadidos que no contribuía a la reproducción de la especie. Ellos distinguían dos jefes; el uno, rey legítimo, era de un bello color dorado, y tenía la cabeza ceñida de una diadema muy perceptible; su ademán fiero y firme no permitía desconocerle por el legítimo poseedor de un trono adonde le habían elevado así la elección de las abejas como los derechos de su nacimiento. Su origen era de los más ilustres; y Plinio asegura que no pasaba por todos los grados de la infancia a que estaban sujetas las demás abejas. El otro rey, al contrario, de un color negro y de una forma deforme, solo mostraba un vil usurpador indigno del trono que quería invadir. Aristóteles es el único que ha admitido muchos reyes en la república de las abejas, y pensaba que sus funciones eran fecundar las hembras. Plinio pretendía que se criaban muchos, y que después las abejas escogían a aquel que les convenía, y arrojaban los otros como reyes inútiles, que hubieran esparcido la discordia en el estado. Aristóteles había concedido un aguijón al rey de las abejas; pero no obstante quería que no hiciese uso de él, porque juzgaba indigno de la majestad de un soberano combatir él mismo con sus enemigos, o castigar a sus súbditos rebeldes: estos cuidados estaban sometidos a los oficiales destinados a la guardia de su persona, y a sus líctores. Séneca, Plinio, Columela, no querían de modo alguno que un monarca, que debía a sus súbditos el ejemplo de la dulzura y de la paz, trajese un arma, que en un movimiento de cólera podía exponerle a salir de los límites de una moderación pacífica.»

En posteriores posts, veremos que a esta concepción de la colmena de abejas como una monarquía, se han unido a lo largo de la historia una multitud de interpretaciones y visiones de tipo político; monarquías autoritarias, repúblicas, sociedades comunistas…

Las abejas como insectos sociales

La vida social de los insectos puede ser agrupada en diferentes categorías según el grado de evolución en su comportamiento social, tomándose como punto de partida la vida de los animales que no tienen ningún comportamiento social (insectos solitarios). En el extremo opuesto, estarían los insectos más sociales.

Insectos solitarios

La mayor parte de los insectos, son solitarios; los padres tienen una vida corta en la que cada uno vive para sí mismo y que termina, generalmente, con el apareamiento y la puesta de los huevos. Llegado el momento de reproducirse, los padres ponen los huevos cerca de una fuente de alimento, y se desentienden de su prole.

En esta escala de sociabilidad habría varios estadios intermedios hasta llegar al máximo nivel (insectos sociales ó eusociales).

insectos sociales abejas

Insectos sociales

En el caso de los insectos sociales, de los cuales las abejas constituyen uno de los pocos grupos existentes y probablemente el más representativo, el individuo carece de valor en favor de la colectividad; su estructura interna organizada con reparto de funciones y regulada por una única madre de toda la colonia (la reina)  funciona como un super organismo en el que tanto el número de individuos como las funciones que realizan están perfectamente regulados y coordinadas.

Las interacciones sociales y la regulación de la actividad se realizan gracias a la capacidad de comunicación de sus integrantes.

Características de la vida social

Son varias las características que definen el comportamiento social de las abejas :

  •  Origen común de todas ellas (todas son hijas de la misma madre).
  • Existencia de un nido común que ofrece protección y capacidad de aprovisionamiento.
  • Longevidad de la madre y solapamiento de generaciones de hermanas.
  • Distribución y reparto de funciones de la colmena.
  • Comunicación entre todos los constituyentes del grupo social.

abejas insectos sociales

División del trabajo

De todas estas características, una de las más definitorias del comportamiento social de una colonia de abejas es la existencia de una división del trabajo, marcada por las necesidades de la misma. En las sucesivas especializaciones que las abejas obreras experimentan a lo largo de su vida, estos individuos realizan para la colectividad distintas tareas claramente diferenciadas:

  •  Búsqueda de alimentos.
  • Alimentación de la reina.
  • Cuidado de la descendencia.
  • Construcción del nido.
  • Limpieza y mantenimiento del nido.
  • Defensa de la colonia.

 

Ventajas del carácter social de las abejas. 

Gracias a este carácter altamente social, las abejas :

  • Consiguen un mayor éxito reproductor, pues aseguran la viabilidad de las larvas.
  • Su actividad no desaparece en invierno, al permitir la cooperación en el aprovisionamiento de alimentos y la existencia de un nido superarlo con independencia del medio y a costa de las reservas.
  • La cooperación en la distribución de funciones entre los miembros del grupo, la fabricación del nido, la puesta de los huevos, la atención a la cría, el aprovisionamiento de alimentos, aseguran la supervivencia de los hijos y que la vida activa de la colonia se prolongue durante años.
  • La especialización de las castas permite la acumulación de reservas de alimento, el control de la temperatura, y otras condiciones microclimáticas dentro del nido.

Además, la habilidad de la colonia para movilizar a las obreras puede resolver dificultades insalvables para un insecto solitario, como la defensa frente a depredadores mayores o más numerosos o la construcción de nidos en condiciones desfavorables.

En definitiva, el carácter altamente social de las abejas, su vida en un único nido, la división del trabajo para la colectividad, y la comunicación entre ellas, hacen de las colonias de abejas una de las sociedades más prósperas y longevas del reino animal.

¿Qué hacen las abejas en invierno?

Durante el recorrido de nuestra Senda Temática, en muchas ocasiones los visitantes nos preguntan:

¿qué hacen las abejas en invierno?.

abejas en invierno - aula apicola sierra de hoyo

Cuando llega el invierno, las abejas se apelotonan en la zona central de los panales, formando un ‘racimo’ de protección térmica. El objeto de este racimo o bola invernal, es el de mantener la temperatura de la comunidad con el fin de superar el duro invierno aprovechando las reservas de alimento almacenadas durante el resto del año en los panales.

La bola invernal o racimo se forma a partir de los 14 grados, y su tamaño va variando según sea la temperatura exterior; cuando la temperatura sube por encima de los 7 grados, el racimo se dilata o expande, y cuando la temperatura baja por debajo de esa temperatura el racimo se contrae.

Calefacción central, un trabajo en equipo

Como en todo lo que hacen, su avanzadísima estructura social y su espíritu de «trabajo en equipo», es factor clave en el comportamiento de las abejas en invierno.

Para mantener la temperatura necesaria, las abejas del interior del racimo generan calor, con el objetivo de que la temperatura en ese punto sea de entre 25 y 35 grados. Por su parte, las abejas de la superficie hacen una capa aislante de entre 2,5 y 7,5 cm, manteniéndose a una temperatura de entre 6 y 9 grados.

Pero por debajo de los 6 grados, estas abejas de la periferia morirían. Por ello, cada cierto tiempo se produce un cambio de turno entre las más adultas. En la periferia siempre estarán las abejas más mayores, muchas de las cuales morirán por mantener a las otras calientes.

Debido a que es el interior de la bola el encargado de generar el calor necesario a costa de consumir las reservas energéticas almacenadas en forma de alimento, se hace imprescindible que la colmena tenga suficientes reservas de miel, y que además éstas estén situadas lo más cerca posible del lugar donde se forme el racimo.

Continuan las visitas de colegios y grupos de fin de semana

Continuando con las visitas de colegios, durante esta semana hemos recibido las visitas de varios grupos de alumnos del Colegio Zola. Como es habitual, la actividad ha consistido en el recorrido de nuestra Senda Temática, donde han aprendido un montón de cosas sobre las abejas, a las que luego han podido observar, ataviados con trajes de apicultor, en nuestro Colmenar Didáctico.

Para finalizar la jornada, han realizado un taller en el Aula Didáctica.

En la foto, de regreso de la Senda Temática, antes de ir al Colmenar Didáctico.

visitas de colegios

El sábado, un grupo de la Fundación Banco de España, y el domingo grupo familiar.