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Balance Campamento de Verano 2017

Durante las dos primeras semanas del mes de julio, nos han acompañado en esta nueva edición del Campamento de Verano del Aula Apícola unos veinte niños y niñas.

Durante estos días con nosotros, han realizado multitud de actividades, desde pequeñas excursiones por el entorno hasta una acampada, pasando por talleres de muy variadas temáticas, trabajos diarios en el huerto y la granja, juegos de grupo, etc.

 

 

Campamento de verano para pequeños naturalistas

Las actividades desarrolladas durante estas dos semanas han sido actividades encaminadas a ayudar a los niños a redescubrir la Naturaleza y transformarse en pequeños naturalistas, animándoles a que ya desde una edad temprana investiguen, exploren, experimenten y conozcan el medio en el que viven.

Nuestro objetivo era que durante su estancia con nosotros, además de divertirse y disfrutar, los niños aprendieran, y lo hicieran en contacto con la naturaleza, fortaleciendo así su capacidad de observación e investigación, experimentando con sus propias manos y desarrollando su creatividad.

¡Y a juzgar por su entusiasmo, creemos que lo hemos logrado!. Porque ha sido para nosotros una enorme satisfacción comprobar cómo han disfrutado, y cómo algunos de ellos, que en principio solo iban a estar una semana, pedían a sus padres «reengancharse», y seguir más tiempo con nosotros.

Entre los muchos talleres que han realizado, los ha habido sobre repoblación forestal, sobre rastros y huellas, sobre plantas aromáticas, sobre reutilización de materiales para usos decorativos, etc.

   

Creemos que no solo hemos conseguido que se diviertan, sino que también hemos contribuido a generar en ellos el sentimiento de respeto y cuidados que nuestro entorno merece y necesita.

Campamento de verano Aula Apícola Sierra de Hoyo

Acampada de despedida del campamento de verano

Por supuesto, una clave fundamental para el éxito de la Escuela han sido nuestros monitores, que bajo la coordinación de Clara han sido un año más los encargados de  trabajar día a día con nuestros pequeños visitantes. Desde aquí, un reconocimiento especial para ellos, así como para nuestros amigos de Manimals por su colaboración en algunas de nuestras actividades.

 

Relatos sobre abejas y polinización (I)

Hace ya unos años, le pedimos a Pepe, padre de Clara, a quien ya conocéis por sus relatos «Peripecias de un apicultor novato» y «Crónicas del Huerto Escolar» publicadas en nuestro blog, y autor de los libros «Herederas de la Memoria» y «Cuadernos del tiempo que no cuenta», que nos escribiese algunos relatos breves sobre el tema de las abejas y la polinización. Escribió tres relatos, que son los que en las próximas semanas compartiremos con vosotros.

Este, es el primero de sus relatos.

Abejas y polinización: «El agricultor necio»

abejas y polinizaciónEn una aldea no muy lejana de nuestro pueblo, vivía un agricultor, que tenía un hermoso huerto de cerezos por el que, no sin razón, era motivo de envidia en los alrededores. Su árboles, al llegar la primavera se cubrían totalmente de flores y él los mostraba orgulloso a sus convecinos como si se tratara de un precioso jardín. Y, cuando llegado el verano, veía sus árboles cargados de fruto en tal cantidad que las ramas se doblaban hacia el suelo, incapaces de sostener tan abundante carga. Ignorando el necio agricultor la causa de su buena suerte, la atribuía al favor los hados y a sus buenos augurios.

Sin embargo, un día, allá por mediados del verano, observó contrariado cómo las rojas cerezas habían sido picoteadas por algún insecto maligno, de manera que quedaban inservibles para su venta en el mercado. Vio también cómo las abejas enterraban su lengua para libar el jugo que segregaban las heridas abiertas en el hollejo. Supuso inmediatamente que eran ellas las causantes de sus daños, ignorando que las abejas lo único que hacen es libar en las roturas que producen los pájaros y las avispas.

Llevado de la ira e ignorando que las abejas son incapaces de perforar los hollejos de la fruta, llegó a la conclusión de que se trataba del enjambre que hacía algunos años se había aposentado en el tronco hueco de un viejo cerezo del rincón de su huerto. Ni corto ni perezoso, una noche, cuando se hallaban todas las abejas descansando dentro del agujero, no se le ocurrió otra idea que llenarlo de paja y prenderle fuego.

-Ahora –dijo para sí- ninguna de mis cerezas serán dañadas por esos malditos picafrutas…

Y llegó la primavera siguiente. Como en años anteriores, sus cerezos se cubrieron de flores como si realmente hubiera caído sobre ellos una fantástica nevada. El necio agricultor echó cuentas y dedujo que sus árboles serían tan pródigos en frutas como habían sido en flores. Pero las cosas no sucedieron como él había esperado. Antes bien, la cosecha se presentó tan escasa, que apenas tuvo cerezas para el propio consumo.

Había oído que, en la montaña de La Ladera, tenía su cabaña un anciano sabio, que cuidaba con gran acierto varias colmenas y un hermoso huerto. Se corría la voz de que era muy entendido en todas las ciencias de la agricultura. El necio agricultor, preso de desesperación y desconcierto, decidió acudir a pedir consejo al anciano sabio del que tanto había oído hablar. Cuando éste hubo escuchado sus lamentaciones, le dijo:

-Amigo mío, no otra cosa que tu ignorancia ha sido la causa de tu desgracia. Has quemado las abejas que vivían en el hueco del viejo cerezo y ahí empezó tu ruina. Eran ellas, precisamente, las que, revoloteando de flor en flor, polinizaban tus árboles, haciendo que tus cosechas se multiplicaran por ciento. En tu necedad has encontrado tu castigo.

Compungido abandonó la cabaña del anciano sabio, lamentando en su interior el mal que él mismo había provocado, al quemar las abejas que habitaban desde hacía muchos años la oquedad del viejo cerezo de su huerto.

Crónica del Huerto Escolar: 12ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola Sierra de Hoyo.

Semana duodécima: 9 de abril.

Dice un refrán: “Abril, abril, tu agua para otro y tu sol para mí.” Bien, pues parece que abril tuviera en cuenta el refrán, porque llevamos unos días en que el sol luce como en los grandes días de primavera. Sólo hace falta que dure.

Por fin, ayudados de una trampa especial para estos fines, hemos conseguido atrapar a nuestro gazapo “Silvestre”. Así que hemos subido a nuestro huerto a quitarle la malla de protección que le habíamos colocado para evitar que campara a sus anchas y se diera unos cuantos atracones con nuestras lechugas, nuestra coles y nuestras habas gallegas. A pesar del desastre de nuestros tomates, ahora sin las mallas, es como si nuestras plantas se desperezaran y dieran de repente un gran estirón,  como les sucede a los niños cuando quieren llegar a la adolescencia. Los vemos más grandes de lo que nos habíamos imaginado.

Aprovechamos para darles un buen mullido aflojándoles la tierra, al tiempo que se la arrimamos alrededor para que conserven el mayor tiempo posible la humedad que todavía tienen cerca de las raíces. Si alguna vez cultivasteis la tierra, os habréis dado cuenta que, después de mullida, huele de otra manera y toma un color oscuro o, más bien, pardo que diría don Antonio Machado. Y las plantas se muestran con todo esplendor el color verde específico de cada una de ellas. A nosotros nos parecen niños recién peinados y vestidos de gala para acudir a una fiesta. Bueno, por qué no mencionarlo, ésta es la parte emocional que proporciona el cultivo de la tierra, que no es poco.

Lo que sigue ya no resulta tan poético, pero son labores que exige nuestra granja, complementarias de nuestro huerto. Sencillamente, nos hemos dedicado a retirarles el estiércol a Pedro y Rayón, que, por cierto, habían acumulado un montón relativamente grande. Más de lo que esperábamos.

Bueno, hablando de Rayón, no sabemos si comentaros que ayer ha tenido que acudir el veterinario para extirparle un pequeño bulto que le había salido en la ingle. Según el técnico, parece que es algo relativamente frecuente. Hoy, pues, está de convalecencia, pero o no tiene dolores o es muy sufrido, porque el pobre no ha variado lo más mínimo su buen humor.

El burro Rayon en el Aula Apícola Sierra de Hoyo

Nuestro burro Raýon

Hasta la próxima semana y que continúe brillando el sol.

José Núñez López

Crónica del Huerto Escolar: 11ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Semana undécima: 26 de marzo.

Seguramente recordaréis aquel refrán tan repetido que dice “Pobre del que esta esperando lo que está en la mano de otro”. Pues el agricultor siempre está esperando por lo que está en manos de la naturaleza, o lo que es lo mismo, en manos de las inclemencias.

Traigo esto a colación, porque en esta ocasión nuestro huerto ha sido víctima de este temporal tan variable y de los caprichos de la primavera… Bueno, y de nuestra euforia. Porque, aprovechando los pasados días de sol y creyendo que no se iban a acabar, nos hemos lanzado a efectuar la plantación de los tomates. Queríamos ver nuestro huerto ocupado y reluciente. Cuando hubimos terminado nos parecía un auténtico vergel.

Ah, pero pretendíamos disponer de lo que no era nuestro, sino de la naturaleza. De modo que, de repente, cambió el tiempo, comenzó a nevar y, consecuentemente, a helar. Cuando subimos a ver nuestros tomates, los encontramos totalmente negros.

tomates helados en el huerto escolar del Aula Apícola

Bueno, ante nuestra decepción y tratando de animarnos, alguien recordó lo de la Armada Invencible: “No hemos salido a luchar contra los elementos”. Esperaremos, pues, a que el tiempo mejore y nos permita replantar nuestro huerto. Porque “nunca nevó que no parara”.

Hasta que salga el sol…

José Núñez López

Crónica del Huerto Escolar: 10ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Semana décima: 19 de marzo.

Pues sí, hoy es día de fiesta, pero las plantas no guardan festivos ni descansos. Es el día que tenemos asignado a nuestro huerto y debemos cumplir. Que san José, obrero y artesano, bendiga nuestro trabajo.

Bueno, ya os comentamos la semana pasada que nuestros gazapos nos habían jugado una mala pasada. Con las lechugas recién plantadas se dieron un buen atracón y nos dejaron los surcos en blanco. Pero lo curioso es que “Silvestre”, nuestro gazapo fugitivo, no ha regresado ni hemos podido atraparlo para devolverlo a la conejera. Vamos a tener que recurrir a alguna jaula trampa para pillarlo.

Para reponer el daño del conejo, no hemos tenido más remedio que bajar al vivero y comprar nuevas plantas, viaje que aprovechamos también para comprar planta de tomate. Visitar los invernaderos resulta muy entretenido, pues es muy agradable  observar la cantidad de plantas que cultivan, y, claro, se pasa el tiempo sin darte cuenta. De modo que entre una cosa y la otra se nos pasó una hora, y, cuando llegamos al huerto tuvimos que despabilar para recuperar el tiempo perdido.

Plantamos los tomates en el bancal nº 3. Tal vez sea algo pronto, pero teniendo en cuenta que aquí el terreno pierde pronto la humedad y durante el verano el agua escasea, hemos preferido adelantar unas fechas. De momento, los protegeremos de las inclemencias con nuestro invernadero portátil, cambiándolo del bancal nº 5 para el nº 3.  A su debido tiempo se lo retiraremos.

invernadero del huerto del Aula Apícola Sierra de Hoyo

Los contenedores en los que teníamos sembrados pimientos, calabacines y caléndulas, les hicimos un hueco debajo del nuevo emplazamiento del invernadero. Al terreno que ocupaba éste y que ahora está libre, le hemos incorporado una capa de abono y lo hemos volteado. Lo estamos preparando para plantar en él los calabacines.

Finalmente, le dimos una riega a todo el huerto, que ciertamente lo necesitaba… Ah, los rabanitos que habíamos sementado a últimos de febrero, han nacido sin faltar uno y ahora, al regarlos, brillan como lentejuelas verdes.

Os esperamos la próxima semana.

José Núñez López

 

Crónica del Huerto Escolar: 9ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Novena semana: 12 de Marzo

Bueno, era de esperar. Aún sin querer reconocerlo, estábamos seguros de que cualquier día nuestros gazapillos nos iban a jugar una mala pasada. Y así fue. Cuando llegamos al huerto esta mañana, lo primero que vimos fue que las lechugas que habíamos plantado la semana anterior ya no estaban. En principio supusimos que algún desaprensivo nos había gastado una broma de mal gusto. Pero, luego, al acercarnos, vimos que  las lechugas sí estaban allí, pero lo que les faltaban eran las hojas.

-Fueron los conejos pequeños –dijimos a la vez.

Una tras otra habían sido decapitadas y lo único que habían dejado eran los troncos. A lo largo del surco, parecían soldados sin cabeza alineados en una trinchera o pequeñas orugas que intentaban salir de la tierra.

A pesar del disgusto, no tuvimos más remedio que echarnos a reír. En realidad, la culpa había sido nuestra. ¿A quién se le ocurre plantar lechugas al lado de una conejera llena de gazapos, sin haberla cerrado adecuadamente con alguna tela de malla fina? Fuimos demasiado confiados. Pero entonces se nos vino a la cabeza el refrán aquel que dice: “Ido el conejo, me das el consejo”. Siempre suele uno ver las cosas con mayor claridad, después de una experiencia desagradable. De todos modos, tampoco la cosa era para tanto. Plantar otras, y asunto concluido.

Esto nos distrajo de lo que veníamos a hacer. Hoy nos tocaba sementar las patatas en el bancal número 5, que ya teníamos predispuesto. La tierra se encontraba en perfectas condiciones, tanto el grado de humedad como la asimilación de los nutrientes. Nos parece que era el momento adecuado. El cielo dirá.

Sementando patatas en el huerto del Aula Apícola

Sementando patatas

Posteriormente, sementamos semilleros en contenedores, que luego colocamos dentro del invernadero: pimientos, tomates y calabacines. Ah, y caléndulas. Queremos que nuestro huerto también tenga unas pinceladas de colorido.

Como tarea final, le dimos una buena riega a lo que habíamos plantado y sementado las semanas anteriores. Estaba todo muy necesitado. Hay que reconocer que el terreno de Hoyo es bastante arenoso y absorbe el agua muy pronto. Es algo que vamos aprendiendo con la experiencia.

Nos queda la tarea de aislar convenientemente la conejera… Como anécdota, a uno de nuestros gazapos no fuimos capaces de poder encerrarlo y se nos ha quedado por el monte. Tomando a broma su deseo de permanecer salvaje, coincidimos en llamarle “Silvestre”. Así lo reconoceremos en lo sucesivo.

Para la próxima semana os contaremos qué ha sido de él…

José Núñez López

Crónica del Huerto Escolar: 8ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Octava Semana: 5 de marzo

Mientras subíamos al huerto, íbamos diciendo ¡qué día tan hermoso, parece que por fin ha llegado la primavera! El sol resplandecía sobre las hojas de las encinas y las jaras como si estuvieran bruñidas por un platero. Y las coles, las lechugas y las cebolletas que plantamos hace dos semanas, era como si de repente hubieran dado un estirón… Para estirón, el que han dado nuestros gazapos. Están irreconocibles.

Bueno, antes de estas emociones, habíamos ido al vivero a efectuar algunas compras: más lechugas, cebollas, y semillas de zanahorias, para ir completando algunos espacios vacíos de nuestro huerto. Compramos también las patatas de simiente, que, si el tiempo lo permite, sembraremos la próxima semana. Debemos aprovechar la frescura que tiene ahora la tierra.

En primer lugar y para poner a tono nuestros músculos, nos dedicamos a mullir la tierra de los bancales vacíos, que, con las lluvias continuadas, había criado una ligera costra. El bancal que tenemos reservado para la siembra de las patatas y que le habíamos incorporado abono, ha quedado a punto de caramelo. También mullimos la zona de las plantas aromáticas, a la vez que le escardábamos algunas hierbas que comenzaban a despuntar entre ellas… ¡Qué agradecidas son las aromáticas! Nada más que las tocas, te regalan todo su aroma.

Sembramos las zanahorias en un extremo del bancal número tres y, para que la tierra mantenga la humedad facilitando la germinación de la simiente, la cubrimos con una capa de paja… Ah, y la sementamos como mandan los cánones: previamente, retiramos unos quince centímetros de tierra, echamos un buen manto de estiércol, y volvimos a cubrirlo con la tierra que habíamos retirado. Sobre ella pusimos la semilla. De esta manera, una vez que comience a nacer, tratará de buscar los nutrientes del abono y crecerá hacia abajo, que es lo que pretendemos.

huerto escolar

Por fin, hemos podido colocarle el techo a nuestro invernadero, con la colaboración del viento, que hoy nos dio una tregua. Dentro de él colocaremos los contenedores de las espinacas, que ya están empezando a nacer.

 José Núñez López

Crónica del Huerto Escolar: 7ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Séptima Semana: día 26 de febrero

«Hoy ha amanecido nevando, y, cuando llegamos a nuestro huerto, estaba bajo una ligera capa de nieve y no hemos podido realizar las tareas que teníamos programadas. Sufrimos una pequeña decepción, aunque tampoco eran labores de máxima urgencia. Así que dedicamos la mañana a organizar el interior del aula y el museo, que, a decir verdad, también lo necesitaban.

Hacia el final de la mañana, el sol hizo una leve aparición, consiguiendo que la escasa nieve se derritiera totalmente. Lo cierto es que a nuestro huerto no le ha venido nada mal. Las lechugas, las coles y las cebollas que habíamos plantado la semana anterior, se mostraban ahora relucientes como recién salidas de la ducha.

 Creo que nuestra familia conejil también debió de notar el ligero aumento de la temperatura, porque la madre y sus cinco gazapos estaban despatarrados al sol sobre la paja del corral. Se hallaban tan adormilados, que los estuvimos contemplando durante un buen rato sin que se dieran cuenta de nuestra presencia. Y comprobamos lo que han crecido en tan pocos días y la cantidad de pelo que cubre todo su cuerpo. Apenas se les ven los ojos. No pudimos menos de recordar lo que dice Juan Ramón Jiménez de su Platero: “Es un burro pequeño, peludo, suave y tan blando por fuera, que se diría de algodón y que no tiene huesos….”

 Si tuviéramos que describir a nuestros conejillos, no podríamos hacerlo de otra manera. Así que ya podéis imaginaros cómo son.

 Esperamos que la próxima semana sea más propicia para nuestras labores.»

José Núñez López

Conejos en el huerto escolar del Aula Apoícola Sierra de Hoyo

pequeño, peludo, suave y tan blando por fuera, que se diría de algodón y que no tiene huesos…

Crónica del Huerto Escolar: 6ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

Sexta Semana: 20 de febrero.

Por fin, febrero nos ha dado un respiro. Desde primeras horas de la mañana abrió de par en par las ventanas al sol, tal vez dándonos a entender que ya estaba cansado de incordiarnos con sus cambios de humor. Hoy nos daba una tregua, bendito sea. A las diez y media estábamos en el huerto cargados con las plantas y semillas que habíamos comprado la semana pasada. Pedro y Rayón también parecieron alegrarse con nuestra presencia.

La tierra de los bancales se encontraba relativamente enjuta, salvo la que se hallaba al resguardo de los durmientes, que todavía conservaba restos de helada. Sin embargo, al cabo de una hora, el sol ya se había encargado de licuarla. El estiércol que le habíamos incorporado anteriormente hacía que en conjunto se mantuviera esponjada y amorosa al tacto. Decimos al tacto, porque la tierra es como la piel de un ser humano: el agricultor debe palparla para comprobar si devuelve caricias o esquiva nuestro contacto. Sólo así nos demostrará si se encuentra en buen tempero.

Sin más preámbulos, nos pusimos a la tarea. En el bancal número 1, plantamos cebolletas y sementamos rabanitos de dos clases diferentes. Nos quedan pendientes la siembra de espinacas y la plantación de cebollas seruendas.

En el bancal número 2, hemos plantado coles, cebolletas y lechugas. Con esta labor, tenemos totalmente completo este bancal. Sin embargo, aunque parece que todo está terminado, nos quedan a lo largo de la primavera los trabajos de mantenimiento, que no son menores: mullido, escardado, riego, etc. Vamos, lo que sucede con un coche, por ejemplo.

En el bancal número 4, el de las aromáticas, completamos los pies que se habían  perdido o, más bien, que habían devorado los conejos. A decir verdad, hemos de reconocer que los pobres también tienen derecho a su parcela, para eso se pasan el día a la expectativa… Ah, bien, al mismo tiempo que reponíamos las faltas, le incorporamos a éstas y a las demás una porción de abono suficiente. Suponemos que nos lo agradecerán cuando llegue el mes de abril.

En un rinconcito, al lado de las aromáticas como le corresponde, sembramos el perejil. Hacerlo en otro lugar, sería una especie de menosprecio, y creemos que no se lo merece… ¿Qué buen chef es capaz de prescindir del aroma del perejil en su cocina?

Hasta la próxima semana, si continuáis con nosotros.

José Núñez López

Huerto escolar del Aula Apícola Sierra de Hoyo

Trabajando en el bancal nº 2

Crónica del huerto escolar: 5ª semana

Crónica semanal sobre los trabajos en el huerto escolar del Aula Apícola.

14 de Febrero de 2.014

Tal vez hayamos oído lamentarse a nuestros abuelos de que “el labrador siempre está llorando, o por duro o  por blando”. Nos parecería que se quejaban de vicio. Nada de eso. Los agricultores, entonces más que ahora, vivían con un ojo en la tierra y otro en el cielo. Y, si tenían la desgracia de topar con un mes de febrero tan voluble como éste, sus quejas no dejaban de tener justificación.

Si seguís nuestra web, sabréis que tenemos los cinco bancales de nuestro huerto dispuestos para sementar y plantar. Pero, a decir verdad, esta semana apenas hemos llevado a cabo labor que valiera la pena, pues, igual que a nuestros abuelos, también nos ha tocado llorar, aunque, más por blando que por duro, ciertamente. ¡Pobrecillos, cuantos febreros como éste habrán tenido que soportar…!

Por lo que a nosotros toca, gracias que aprovechamos la semana pasada para sementar las habas y los ajos. Al menos es una labor que nos quitamos de encima… Ah, por cierto, ayer cuando subimos a la finca, comprobamos que nuestros ajos estaban asomando ya sus primeras hojitas entre la nieve, como si fueran pequeñas orugas o las cabezas de unas lombrices verdes. A juzgar por lo que hemos visto, creemos que se cumplirá aquello de que “por marzo tres hojitas tendrá el ajo”.

El huerto escolar del Aula Apícola Sierra de Hoyo, nevado.

Hoy ha amanecido con una lluvia menuda y persistente, que hacía desaconsejable andar hurgando en la tierra. Pero en un huerto nunca faltan tareas. Nos fuimos al vivero en el que solemos abastecernos para nuestro huerto. Nos gusta éste  porque lo tienen todo muy ordenado y localizas rápidamente lo que necesitas. Hemos comprado: coles, cebollas y plantas aromáticas para reponer algunas que faltaban, como romero, lavanda y tomillo. De esta manera, teniéndolas a mano, en cuanto el mal tiempo se despiste lo más mínimo, procederemos a plantarlas.

Bueno, aprovechamos también el viaje para traer pienso para Pedro y Rayón. Cuando salíamos con el coche, nos miraban por encima de la cerca y parecían decirnos: “Eh, chicos, acordaros de nosotros”. Y claro que nos acordamos, no fuera a suceder aquello de que “acabose la paja y murió el burro que la tronzaba”.

Oh, ya se nos olvidaba. Hemos descubierto que nuestra coneja madre no tiene sólo dos, sino cinco gazapillos. Debió de coincidir que los había sacado a todos al recreo…

Hasta la próxima semana, si os apetece.»

José Núñez López