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El aguijón de las abejas. Leyenda Cherokee.

«»En otra ocasión, os hablaremos sobre el aguijón de las abejas. Aquí, vamos simplemente a reproducir esta preciosa leyenda, con enseñanza incluida, de los indios Cherokee.

abejas indias

Pintura sobre un tambor, probablemente representando abejas.

Cómo consiguieron las abejas su aguijón.

En los tiempos antiguos, cuando la gente era más pura y podía conversar con los animales y el Creador los visitaba, la gente pidió al Creador algo que fuera dulce. Entonces el Creador envió a la Abeja, pero la Abeja no tenía aguijón. La Abeja bajó, y halló un árbol conveniente en el cual podrían construir su colmena, habitar, producir miel, multiplicarse y alimentar a sus crías.

Pronto, la gente acudió a la Abeja y le pidió algo de miel, y la Abeja dio a cada persona un recipiente lleno. A la gente le encantó la miel, la comió con avidez, y volvió a la Abeja a por más. Pero la Abeja replicó, «no tendré más para darte en un tiempo. Tendrás que esperar». A la gente no le gustó, pues ansiaba el dulce jarabe. Así que llamaron al Creador, diciendo, «las Abejas no nos dan bastante de ese dulce jarabe». ¡¡¡Queremos mas!!!». El creador escuchó y envió a la tierra a la Gente Flor. La Gente Flor comenzó a propagar todo tipo de flores a través de la tierra, dando a las Abejas más cantidad y variedad de flores para polinizar y hacer más miel.

La Flor propagó todo tipo de bellas flores salvajes para atraer e las Abejas; azules brillantes, rojas, naranjas, púrpuras y amarillas. Más Abejas fueron creadas para ayudar a polinizar las flores. La colmena creció hasta hacerse muy grande. La gente, viendo cuán grande era la colmena, acudió para conseguir más miel. Así que las Abejas les dieron a la gente toda la miel, salvo una poca que se quedó para alimentar a sus crías.

La gente devoró la miel y quiso más. La Abeja respondió, «no nos queda, tendrás que esperar». La gente se enfadó, y pidió a la Gente Flor que hiciera más flores de modo que ellos pudieran conseguir más de aquel dorado jarabe para comer. La Gente Flor respondió, «hicimos todas las flores que pudimos y ya están todas polinizadas. Vais a tener que esperar hasta la primavera». «No», dijo la gente, «¡¡queremos más ahora!!». De modo que volvieron a la colmena de las Abejas, y la destrozaron, matando a la mayoría de las Abejas y llevándose la miel. Las Abejas sobrevivientes se enfadaron. Preguntaron al Creador qué hacer. El Creador también estaba irritado por el comportamiento de la gente, así que le dijo a la Gente Flor que creasen algunos  arbustos de brezo, y a las Abejas que los comiesen. Las Abejas hicieron lo que el Creador les había dicho, comieron los brezos y estos fueron transformados en aguijones. La Gente Flor creó una mancha de brezo alrededor del árbol de las Abejas. Al día siguiente, la gente rodeó a las Abejas buscando más miel; pero los brezos que rodeaban el árbol de las Abejas arañaron y desgarraron sus cuerpos.  Algunas gentes llegaron a la colmena a través de los brezos. Cubiertos con mantos, gritaron a las abejas, «¡dadnos más miel ahora, o haremos lo mismo que hicimos ayer, matar a vuestras crías y destruir vuestro hogar!». Las Abejas se enfadaron,  un ruidoso zumbido salió de la colmena del árbol, y ellas salieron en enjambre. Las Abejas picaron a la gente hasta que ésta consiguió protegerse y huir corriendo. Después de aquel día, la gente trató a las Abejas, flores y plantas con gran respeto y prometieron reponer todo cuanto pidiesen y no codiciar o tomar más de lo que necesitasen.

«La mosca del hombre blanco»

Así es como los nativos americanos, llamaban a la abeja melífera, «la mosca del hombre blanco». Antes de que los europeos introdujeran la abeja melífera en el continente, los nativos americanos recolectaban miel de los nidos de las abejas salvajes, utilizando humo para poder acceder a los panales, que rompían para coger la miel. Cuando la apicultura fue introducida en Norteamérica, los Cherokees, una vez que vieron que las abejas podían ser utilizadas para «trabajar» para ellos, fueron una de las primeras tribus que comenzaron a practicar el arte de la apicultura.

Peripecias del apicultor novato. El cerificador solar.

“Belisario y el cerificador solar”.

El cúmulo de cera de desopercular crecía en proporción a la cantidad de miel de cada cosecha. Anualmente, me visitaba un comprador ambulante, Belisario por más nombre, que pasaba con un burro recogiendo toda la cera que tuviera a la venta. El hombre me saludaba condescendiente como dándome a entender que me prestaba un gran servicio:

-“Hola, Pepe, ¿tienes algo por ahí de lo que quieras desprenderte?”

Y, a decir verdad, yo consideraba aquello un verdadero favor por liberarme de los restos pringosos de cera que, cuando no era así, terminaban siendo devorados por la polilla. De manera que me sentía compensado. Él debía entender mi liberación y me marcaba unos precios que, vistos desde aquí, resultarían irrisorios: 6 ó 7 pesetas el kilo, con lo que me ponía en las manos sesenta o setenta pesetas, que para mí, novato, suponían un añadido más al producto de mis colmenas.

En una ocasión recibí un catálogo de La Moderna Apicultura. En él me ofertaban el canje de cera pura por hojas laminadas. Me descubrió algo nuevo y muy interesante. Pero para ello necesitaba construir un cerificador solar, y en el libro de “La Abeja y la Colmena” de Langstroth encontré un modelo y ya no necesité nada más. Al cabo de una semana, ya había obtenido las primeras tabletas de cera pura tan amarilla y transparente como si fueran auténticas placas de ámbar. Me di cuenta inmediatamente de que cuanto más calentara el sol, más nítida resultaba… Cuando el pobre Belisario volvió al año siguiente y vio lo que él consideraba un invento mío, quedó totalmente fascinado. Palpó detenidamente con sus manos aquellas tabletas amarillas, abrió los ojos sorprendido y no pudo evitar un gesto de contrariedad. En aquel momento, sentí pena por aquel anciano contrariado. Poco sirvió que tratara de explicárselo.  Posiblemente acababa de descubrir entonces que también él estaba siendo la incauta víctima de un engaño. Dio media vuelta y no lo volví a ver nunca más.

Cerificador solar

Ilustración de «La abeja y la Colmena». L. L. Langstroth, 1943 (4ª edición)

cera

Últimas tabletas de cera fundidas por Pepe. Aún hoy, conservan su olor.

La primera partida que envié a La Moderna Apicultura fue la producción de tres años y creo recordar que fueron unos 45 kilos de láminas doradas y perfumadas, que, si he de decir la verdad, me costó bastante desprenderme de ellas. Más que un producto de marcado, parecían más bien una obra de artesanía. Al tiempo que el cerificador, había hecho una serie de bandejas de hojalata de diferentes formas y tamaños para recoger el goteo de la cera derretida, de manera que conseguía tabletas de gran diversidad. Creo que alguna debe de andar extraviada entre los artilugios que suele almacenar el recuerdo.

La Moderna Apicultura me notificó que era cera de gran calidad y, pasados unos veinte días, recibí facturadas por ff. cc. creo que unas cuatrocientas hojas de cera, dos rollos de alambre y unos quinientos espaciadores. Sólo entonces reconocí el verdadero valor de aquellos restos pringosos que me compraba a precios de vergüenza el pícaro… bueno, el incauto Belisario. Este intercambio con Madrid todavía se repitió varias veces más.

                                                              José Núñez López, diciembre de 2.014

Liberación de tejón en el Aula Apícola Sierra de Hoyo

Liberamos un tejón en Nochebuena

Tejón recuperado por Grefa

Esta es la reseña que Grefa (Grupo para la Recuperación de la Fauna Autóctona y su Hábitat) hizo de la suelta de un tejón recuperado en su Hospital de Fauna Salvaje, en la finca «La Ladera y Picazos», en la cual se encuentra ubicado el Aula Apícola Sierra de Hoyo:

Liberación de tejón en el Aula Apícola Sierra de Hoyo

«Fue la última liberación de animales silvestres de las 2.245 llevadas a cabo por GREFA en 2014. Un precioso tejón que nuestra amiga Marta apadrinó y le puso como nombre Haplo, ayudando de esta forma a la recuperación del mamífero y contribuyendo de manera altruista al mantenimiento de nuestro hospital de fauna salvaje. En la luminosa mañana del 24 de diciembre, la madrina Marta, con varios amigos, un buen número de miembros de GREFA y Luis Javier Bernárdez, el agente forestal de San Martín de Valdeiglesias (Madrid) que rescató al tejón, nos dirijimos a la finca de Nacho, amigo y colaborador de GREFA, donde nos esperaban además Juan y Rocío, de Manimals, para liberar a este precioso animal. Haplo fue encontrado atropellado al borde de una carretera por Luis Javier Bernárdez, que lo trasladó en un primer momento al Centro de Fauna José Peña, en Navas del Rey (Madrid). Nuestro equipo de rescate fue avisado y acudió inmediatamente para atender a Haplo, que presentaba varias heridas en la cabeza y las extremidades y una gran debilidad. Gracias a la colaboración y entrega de nuestros trabajadores, voluntarios, amigos, colaboradores y, por supuesto, la madrina Marta, Haplo el tejón vuelve a estar en libertad, ya totalmente recuperado.»

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares : Herpetos

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: Herpetos

Nueva lámina de la Biodiversidad de Hoyo de Manzanares : Anfibios y reptiles

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares : Herpetos

Nueva lámina del Observatorio de la Biodiversidad de Hoyo de Manzanares, en esta ocasión dedicada a anfibios y reptiles.

Como sabéis, el Observatorio de la Biodiversidad de Hoyo es un proyecto participativo, fruto de la colaboración entre el Aula Apícola Sierra de Hoyo y Biodiversidad Virtual, cuyo objetivo es la elaboración de un inventario lo más completo posible de las especies que componen la biodiversidad de Hoyo de Manzanares, a partir de la información aportada por los propios vecinos.

La idea es que a través de fotografías aportadas por vecinos o visitantes del municipio,  vayamos consiguiendo identificar las especies existentes de Hoyo de Manzanares y ampliando día a día el inventario. Para ello, es herramienta fundamental la plataforma Biodiversidad Virtual, a través de la cual expertos en cada campo identifican y clasifican las especies fotografiadas.

Las fotografías pueden ser colgadas directamente por su autor en Biodiversidad Virtual a través del Punto BV del Aula Apícola Sierra de Hoyo, o bien nos pueden ser remitidas a nosotros, para que lo hagamos.

A partir de esta información, uno de nuestros colaboradores elabora las láminas, que constituyen el material divulgativo del observatorio.

Inventario actualizado de biodiversidad de Hoyo de Manzanares

Esta lámina se irán actualizando a medida que se vaya actualizando el inventario. Podéis acceder al inventario actualizado, pinchando AQUÍ.

Peripecias de un apicultor novato. Clienta inesperada.

Peripecias de un apicultor novato. Episodio décimo tercero.

«Una clienta inesperada.”

El año de la gran cosecha fue tal vez el único entre otros buenos y menos buenos que le sucederían después. Cuando comenté con mis familias la gran cantidad de miel de aquel año y la zozobra que me invadía ante la incertidumbre de poder darle salida, alguien me comentó como quien no quiere la cosa:

-“¿Por qué no hablas con tu tía Conce?”

Conce es la contracción familiar de Concepción, y Concepción era una de las hermanas de mi padre, al tiempo que mi madrina. Era una persona siempre dispuesta a la generosidad. Después de casarse, se había establecido en la población lucense de Sarria. Su marido era un gran emprendedor, y, tras comenzar abriendo un bar en el lugar menos imaginable de la villa con el que tuvo gran éxito, terminó montando una tienda de tricotar en la que confeccionaba todo tipo de prendas de punto. Proporcionaba trabajo hasta a tres o cuatro jóvenes y llegó a adquirir tal fama, que no daba abasto a confeccionar jerséis y chaquetas a medida para los hombres y mujeres de los pueblos y aldeas de la contorna.

Pero ¿qué tiene que ver mi tía Conce y los jerséis de punto con la miel? Os parecerá extraño, pero con cada jersey que salía de aquella tienda, marchaba también parte de las cosechas de mis colmenas en todo tipo de tarros, garrafas o cualquier otro recipiente. Cada cliente que venía a tomarse las medidas, dejaba ya sus tarros o sus garrafas para que se las llenaran de miel. En las estanterías de aquella trastienda, se mezclaban las cajas de las hilaturas con la más increíble diversidad de cacharros. Después de tanto tiempo, todavía no he llegado a saber si las gentes compraban la miel por los jerséis o encargaban los jerséis por saborear la miel de mis abejas.

A partir de entonces, jamás tuve problemas para deshacerme de la miel de mis cosechas. Al contrario, nada más que llegaba el mes de agosto, la tía conce ya me estaba reclamando la dorada mercancía, de manera que, cuando no era facturada por ff. cc., me encargaba yo personalmente de transportarla en dos o tres viajes con mi inseparable R-6. Si he de ser sincero, era esto lo que realmente me apetecía.

Es cierto que se trataba de un viaje de 115 kms., y, a primera vista, podría parecer un tanto pesado a lo largo de tortuosas carreterillas. Pero para mí, aquellas rutas por las primitivas comarcales N-536 y 546, aunque harto dificultosas, me resultaban sumamente atractivas, atravesando pequeños pueblos y aldeas o intrincados vericuetos entre pinares y praderías. Aquellos viajes estaban llenos de belleza y encanto, y, mientras avanzaba con mi dulcísimo cargamento, me dejaba embriagar por la rústica belleza del paisaje gallego. Mentiría si no dijera que disfrutaba tanto transitando por aquellos pintorescos parajes, como con el beneficio que podían reportarme los cientos de kilos de miel que transportaba en mi automóvil.

apicultor

… atravesando pequeños pueblos y aldeas o intrincados vericuetos entre pinares y praderías …

Años después, se construyó la carretera N-120 y el viaje resultaba mucho más cómodo y tampoco carecía de un bello atractivo. Aquellos viaductos cruzando y volviendo a cruzar, el río Sil, el Lor, el ferrocarril, de nuevo el ferrocarril, el Lor y el Sil, como si el ingeniero que los había proyectado se hubiera entretenido trenzando un magnífico tirabuzón de hormigón, agua y acero.

 De estas y más cosas tuvo la culpa mi clienta fiel… Ah, y mis abejas.

José Núñez López, diciembre de 2.014

Recuerdos de olor a miel. Una abeja enfadada

Una abeja ¿a qué velocidad puede volar?. Consultando bibliografía, leo que una abeja obrera puede volar a entre unos 24 y unos 40km/h, dependiendo de cual sea la dirección del viento. Bastante deprisa, hubiera dicho simplemente yo, sin haber dispuesto de esa información. Y es que aún recuerdo que con unos doce años, y siendo un chaval bastante ágil y rápido, a mí me costaba una buena carrera deshacerme de mi perseguidora cuando, tras haber abierto mi padre las colmenas, alguna abeja malhumorada se empeñaba en perseguirme para picarme o, simplemente, alejarme de su colmena. ¡ Y qué insistencia la suya!.

Picadura de abeja

Debo decir, no obstante, que eran ocasiones poco habituales; a pesar de estar el colmenar a escasos cincuenta metros de la casa de «La Ladera», la presencia del mismo solo era perceptible si uno se acercaba a él lo suficiente como para que el zumbido procedente de las veinte o treinta colmenas que normalmente en él había se hiciera audible. De hecho, a mí me gustaba acercarme a él y arrodillarme a observar el incesante trajín de abejas que, sobre todo en primavera y verano, animaba las piqueras, y descubrir a algunas portando amarillas bolitas de polen, signo inequívoco de que dentro había crías que alimentar y que la colmena estaba viva.

Pero cuando mi padre «hurgaba» en ellas, especialmente si era verano y ya quedaba poca flor en el campo, o si había sacado miel, la cosa cambiaba. Entonces, era mejor no acercarse al colmenar, so pena de recibir algún que otro picotazo.

Recuerdo uno en particular, que finalmente tuvo para mí un sorprendentemente agradable final…

Normalmente, cuando una abeja se pone agresiva, suele dirigir su ataque hacia zonas oscuras,  en particular al pelo, donde suele acabar enredada, cosa bastante desagradable. Y así hizo una enfurecida abeja un día en que, tras haber estado mi padre trabajando en las colmenas, yo tuve la imprudencia de acercarme demasiado a ellas. En mi afán por evitar la picadura, recuerdo que manoteé sobre mi cabeza, con tan mala fortuna que en uno de esos movimientos, intentando protegerme los ojos, dejé a la abeja encerrada entre mi mano y un ojo. La abeja, me picó en el párpado. Y ahí quedó la cosa… hasta que a la mañana siguiente, lunes, mi madre me levantó para ir al colegio. Al intentar abrir los ojos, solo pude abrir uno; el otro, aquel en el que me había picado la abeja, parecía una pelota de ping-pong morada.

¡Cómo iba yo ir al colegio con aquel aspecto!. Lloré y lloré hasta que, cosa rara en mi madre, pues para eso era dura de pelar, conseguí convencerla para que me dejase quedarme con ella.

¡Vano sacrificio el de aquella abnegada abeja!. Al final, casi acabé agradeciendo su picotazo, pues gracias a él pasé la mañana de compras con mi madre, y acabé volviendo a casa con unas cajas de soldaditos de juguete.

No obstante, la experiencia sí que me hizo ser más precavido a partir de entonces, y esforzarme por interpretar y respetar el estado de ánimo de las que tras el correr de los años, acabarían siendo compañeras de trabajo.

Nacho Morando, Noviembre de 2014

Peripecias de un apicultor novato. Cosecha milagrosa

Peripecias de un apicultor novato. Episodio duodécimo.

“Una cosecha milagrosa”.

Sin apenas darme cuenta, mi colmenar había ido aumentando hasta aproximarse a las setenta colmenas, lo que, naturalmente, exigía al límite mi capacidad de dedicación, sobre todo, teniendo en cuenta el limitado tiempo que me permitía mi trabajo profesional. Sin embargo, mientras pudiera resistir, no estaba dispuesto a renunciar a mi proyecto. Sería como recortarle las alas a un pájaro que hubieras criado tú desde chiquito.

Para entonces, aquel primer extractor de cinc con la abeja dorada en un lateral había terminado totalmente desvencijado, el pobre. No estaba diseñado para tantas exigencias. Así que, aprovechando (y mal que insista en ello) mi condición de “manitas”, hacía algunos años que había construido uno de seis panales, mucho más estable y capaz de proporcionar mayor rendimiento. Paralelamente, también había tenido que ir aumentando poco a poco la capacidad de los depósitos de maduración, pues, salvo algunas temporadas realmente malas, las cosechas de miel parecían jugar a competencia con mis previsiones.

Como muestra, un botón. Recuerdo que aquel verano teníamos programadas las vacaciones al Grove para la segunda quincena de agosto. En previsión llevé a cabo la cata hacia últimos de julio. A medida que iba sacando los paneles de las alzas, me parecía que pesaban más de lo normal. No me equivocaba, porque, inmediatamente, me sentí desbordado y pensé en el milagro de la multiplicación de los panes. Terminé llenando cuatro recipientes de 200 l., lo que consideré una cosecha magnífica, teniendo en cuenta que, como ya he referido en otra ocasión, nuestra zona no se puede considerar altamente melífera. Antes de marcharnos a Galicia, volví a colocar las alzas en las colmenas, con el fin de que, al regreso en septiembre, las abejas hubieran limpiado los panales para su mejor almacenamiento en invierno.

Mal me imaginaba yo lo que me aguardaba al regreso de vacaciones. Tras unos días de reposo, allá por el día doce o trece de septiembre, tomé mi R-6, retiré los asientos de atrás para ampliar espacio, y, acto seguido, me subí al colmenar con la idea de recuperar las alzas que suponía vacías y limpias. Me esperaba una gran sorpresa. Nada más destapar la primera colmena, ya observé algo extraño. En la parte superior de los panales amarilleaba la cera nueva, lo que me hacía suponer que, por alguna extraña razón, las abejas habían continuado almacenando miel. “¡Que contrariedad!”, pensé. Abrí otra, y sucedía lo mismo. Tras observar las cabeceras de distintas colmenas, pude comprobar que mis obreras, las hacendosas empleadas de mi empresa, no habían dejado de trabajar un solo instante, en tanto que yo y toda mi familia nos habíamos estado solazando en las playas de la Lanzada y de La Toja.

Conicas de un apicultor novato. Alzas repletas de miel

Cuando me sucedía algo así, sentía una gran satisfacción, pero luego, en contra de lo que cabría esperar, cambiaba radicalmente. Al ver la gran cantidad de miel almacenada, comenzaba a sentir aquel agobio que solía invadirme ante la incertidumbre de no saber cómo deshacerme de ella. Para colmo, cuando logré hacer aquella segunda cata a mediados de septiembre, todavía salieron otros 400 kilos. No sabía en donde meterla y tuve que improvisar numerosos recipientes de todo tipo.

No veía salida a tanta miel y os aseguro que me sentí sobrepasado. No sabía qué hacer. Pero sucedió que, comentando lo sucedido entre la familia, alguien me sugirió inesperadamente el nombre de una posible compradora. Otro nuevo milagro. A partir de entonces se iba a hacer cargo prácticamente de la totalidad de mis futuras cosechas. No os imagináis qué peso me quitó de encima. Os hablaré de de ella en el próximo episodio. Vale la pena.

José Núñez López, Noviembre de 2.014

Producción de cera y panales de abejas

La cera de abejas, uno de los principales productos de estos insectos, es la materia prima con la que construyen los panales que forman su nido. Las encargadas de fabricar los panales, son las jóvenes abejas obreras de entre doce y diecisiete días, que son las únicas con capacidad para producir cera.

Fabricación de la cera

A esa temprana edad se desarrollan en el cuerpo de las abejas obrera las llamadas glándulas cereras, situadas en la cara ventral del abdomen entre los anillos cuarto y séptimo, en un número total de ocho, un par por cada anillo.  Estas glándulas son las que les permiten producir la secreción grasosa que llamamos cera.
Para hacerlo, previamente deben consumir gran cantidad de miel, ya que por cada kilo de cera que fabriquen, necesitan entre siete y diez kilos de miel.

escamas de cera en abeja obrera

Fabricación de los panales

Mientras segregan la cera, las abejas se unen colgando unas de otras, formando cadenas que cuelgan de la parte superior del panal que deseen construir. Dicho panal, será construido desde arriba hacia abajo.
La cera sale del cuerpo de la abeja como un fluido, pero rápidamente se enfría y endurece al quedar expuesta al aire. Las obreras raspan las escamas de cera de su abdomen con sus patas, y se las llevan a la boca, donde las mastican hasta que se hacen moldeables y pueden hacer con ella pequeñas bolitas. A continuación, van pasando estas bolitas a las abejas que tiene por encima en la cadena, hasta llegar a las últimas, que serán las encargadas de dar forma a las celdas que componen los panales.

cadena de abejas fabricando panales

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: nuevas láminas

Os presentamos dos nuevas láminas del Observatorio de la Biodiversidad de Hoyo de Manzanares, en este caso una de líquenes y otra de hongos.

Como sabéis, el Observatorio de la Biodiversidad de Hoyo es un proyecto participativo, fruto de la colaboración entre el Aula Apícola Sierra de Hoyo y Biodiversidad Virtual, cuyo objetivo es la elaboración de un inventario lo más completo posible de las especies que componen la biodiversidad de Hoyo de Manzanares, a partir de la información aportada por los propios vecinos.

La idea es que a través de fotografías aportadas por vecinos o visitantes del municipio,  vayamos consiguiendo identificar las especies existentes de Hoyo de Manzanares y ampliando día a día el inventario. Para ello, es herramienta fundamental la plataforma Biodiversidad Virtual, a través de la cual expertos en cada campo identifican y clasifican las especies fotografiadas.

Las fotografías pueden ser colgadas directamente por su autor en Biodiversidad Virtual a través del Punto BV del Aula Apícola Sierra de Hoyo, o bien nos pueden ser remitidas a nosotros, para que lo hagamos.

A partir de esta información, uno de nuestros colaboradores elabora las láminas, que constituyen el material divulgativo del observatorio. Estas láminas están en permanente proceso de revisión, e irán siendo actualizadas según los listados de especies identificadas vayan siendo ampliados.

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: Líquenes.

Los líquenes, son organismos surgidos de la simbiosis entre un hongo y un alga, excepcionalmente resistentes a las condiciones adversas, y capaces de colonizar muy diversos ecosistemas. Estos son los que de momento hemos identificado:


Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: Líquenes

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: Hongos.

Los hongos son un grupo de organismos, clasificados en un reino distinto del de animales y plantas, entre los que se encuentran mohos, levaduras y setas.

Algunas de las especies aquí recogidas fueron identificadas durante el Testing micológico realizado el pasado otoño.

Biodiversidad de Hoyo de Manzanares: Hongos

 

Inventario actualizado de la Biodiversidad de Hoyo de Manzanares

Estas láminas se irán actualizando a medida que se vaya actualizando el inventario. Podéis acceder al inventario actualizado, pinchando AQUÍ.