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La problemática de los enjambres de abejas

Durante el último mes, estamos recibiendo multitud de llamadas de vecinos de Hoyo de Manzanares que tienen “problemas” con enjambres o colonias de abejas. Esta semana ha habido días que hemos coincidido bomberos, nosotros y otros dos o tres apicultores en la misma zona.

Enjambres de abejas

Enjambre de abejas posado en una persiana. Lo cogimos justo a tiempo, antes de que se introdujera.

 

La de este año está siendo una primavera especialmente buena para las abejas. Por lo que ha llovido, y por la cantidad de flores que hay en el campo. Probablemente debido a esto, el número de enjambres que vuelan en busca de lugares donde establecerse es anormalmente elevado.

Por desgracia para muchos vecinos, algunos lugares habitualmente elegidos por estos enjambres de abejas están en sus viviendas. En particular, los tambores de las persianas. Ya hablamos algo sobre ello en una entrada anterior de este blog.

 

El caso de “La Berzosa”, ¿paraíso para enjambres?.

El caso es especialmente llamativo en la urbanización “La Berzosa” de nuestro municipio, en la calle Zarracín. El motivo, en nuestra opinión, es muy claro. Se trata de una zona donde las viviendas son principalmente pisos, muchos de los cuales son segundas viviendas o viviendas que se pasan deshabitadas la mayor parte del año.

Colonia de abejas establecida en persiana

Colonia de abejas establecida en persiana

En esas viviendas se establecen colonias, que prosperan a su aire. Algunas que hemos identificado, llevan años en el mismo sitio.

Esas colonias, son el foco de nuevos enjambres que se posan en árboles o fachadas del entorno, y posteriormente “colonizan” otras viviendas.

 

 

 

Posibles soluciones al problema.

Estación provisional de captación de enjambres

Hace ya unos cuantos años, propusimos a la Junta Directiva de «La Berzosa» y al ayuntamiento de Hoyo de Manzanares una posible solución para reducir el problema. La solución consistía en la colocación de estaciones de captación de enjambres, para que esos enjambres se establezcan en ellas y no en las viviendas. De este modo, en cuanto los vecinos detectaran que una de estas estaciones había sido ocupada por un enjambre éste podría ser retirado rápidamente. Se reduciría así el riesgo de que estos enjambres ocuparan viviendas. Sólo el ayuntamiento lo autorizó.

Además, sería imprescindible que las colonias ya establecidas fueran retiradas. Y además, que una vez retiradas, los huecos que hubieran sido ocupados por las abejas fueran limpiados a fondo. Es imprescindible eliminar los restos de panales para evitar que su olor pueda atraer a nuevos enjambres en el futuro.

Creemos que haciendo una campaña en la que se combinara la retirada de colonias establecidas y el posterior mantenimiento de una red de cajas recoge enjambres, el problema que hoy día tiene la urbanización podría reducirse sustancialmente.

Primer enjambre de abejas del año

Hoy, hemos retirado nuestro primer enjambre de abejas de la temporada. Como ya os explicamos en este mismo blog en una entrada anterior, un enjambre de abejas, es la escisión de una colonia, que se encuentra de viaje en busca de un nuevo alojamiento donde establecerse.

enjambre de abejasComo preparación de su viaje y en previsión de sus futuras necesidades, las abejas que componen el enjambre previamente se habrán llenado el buche de miel, lo cual les proveerá no solo de alimento para su nueva casa, sino de material de construcción, ya que es esa miel la que les permitirá generar la cera necesaria para construir los nuevos panales. Conviene recordar que en términos generales, podría decirse que para generar un kilogramo de cera, las abejas necesitan consumir diez kilogramos de miel.

Un enjambre de abejas secundario

El enjambre que hoy hemos cogido era de pequeño tamaño; este tipo de enjambres de abejas suelen ser enjambres secundarios, llamados jabardos, y proceden de colonias de abejas que ya habían enjambrado previamente. El primer enjambre suele ser el mayor, y los sucesivos enjambres más pequeños.

enjambre de abejasEste enjambre, se había posado en el alero de una vivienda particular, en la urbanización Las Marías en Torrelodones (Madrid). Ha sido una recogida algo improvisada, en una simple caja de zapatos y bastante sencilla, solo dificultada por la altura a la que estaba.

De vuelta al Aula Apícola, hemos introducido el enjambre en un de nuestras colmenas, que esperamos adopte como su nueva vivienda.

 

 

Sobre la vista de las abejas

Una de las preguntas que solemos hacer a nuestros visitantes, a modo de juego, es sobre la vista de las abejas y, más concretamente, sobre cuántos ojos tienen. La respuesta tiene trampa, pues podría haber varias respuestas válidas. Posiblemente la más correcta sería decir que tienen 5, aunque como ahora veremos tampoco sería descabellado decir que tienen miles.

No obstante la respuesta sencilla, es decir que tienen 5 ojos: 3 pequeños ojos simples en la frente y 2 grandes ojos compuestos a ambos lados de la cabeza.

Ojos simples

Los ojos simples u ocelos, son unos órganos muy elementales, con los cuales no pueden formar imágenes, y que únicamente les sirven para detectar la intensidad, la longitud de onda y la duración de la acción de la luz. Los usan fundamentalmente en el interior de la colmena, para visión a corta distancia y en condiciones de oscuridad.

Ojos compuestos

Cada uno está formado por un número variable de pequeños “ojitos”, estructuras hexagonales llamadas omatidios. Cada uno de estos omatidios tiene una pequeña lente, y su retina está dividida en partes que corresponden a cada una de esas lentes. De este modo la abeja percibe con ese ojo compuesto tantos puntos de luz como divisiones tiene, y así recibe una reproducción en mosaico del objeto delante de él.

vista de las abejas

Ojo compuesto de abeja obrera al microscopio

Agudeza visual, según las necesidades

Sin embargo, la vista de las abejas no es la misma en todas las castas, pues no todas requieren de la misma agudeza visual.

La reina, por ejemplo, sólo necesita una buena visión una vez en su vida y la empleará para volver a la colmena después del vuelo nupcial; el resto de su vida, permanecerá a oscuras en el interior de la colmena. Sus ojos compuestos tienen solo unos 4.290 omatidios, y es la que peor ve.

Las obreras, que necesitan orientarse adecuadamente en sus vuelos de recolección, tienen unos 6.300 y ven un poco mejor.

Por su parte, el zángano requiere una buena agudeza visual para poder localizar a las hembras vírgenes en el vuelo de reproducción, por lo que sus ojos compuestos son los que mayor número de omatidios poseen, unos 13.090.

En cuanto a los colores, las abejas perciben los colores que distingue el ojo humano más el ultravioleta y con la excepción del rojo, aunque sobre este tema hablaremos en otra ocasión.

Producción de cera y panales de abejas

La cera de abejas, uno de los principales productos de estos insectos, es la materia prima con la que construyen los panales que forman su nido. Las encargadas de fabricar los panales, son las jóvenes abejas obreras de entre doce y diecisiete días, que son las únicas con capacidad para producir cera.

Fabricación de la cera

A esa temprana edad se desarrollan en el cuerpo de las abejas obrera las llamadas glándulas cereras, situadas en la cara ventral del abdomen entre los anillos cuarto y séptimo, en un número total de ocho, un par por cada anillo.  Estas glándulas son las que les permiten producir la secreción grasosa que llamamos cera.
Para hacerlo, previamente deben consumir gran cantidad de miel, ya que por cada kilo de cera que fabriquen, necesitan entre siete y diez kilos de miel.

escamas de cera en abeja obrera

Fabricación de los panales

Mientras segregan la cera, las abejas se unen colgando unas de otras, formando cadenas que cuelgan de la parte superior del panal que deseen construir. Dicho panal, será construido desde arriba hacia abajo.
La cera sale del cuerpo de la abeja como un fluido, pero rápidamente se enfría y endurece al quedar expuesta al aire. Las obreras raspan las escamas de cera de su abdomen con sus patas, y se las llevan a la boca, donde las mastican hasta que se hacen moldeables y pueden hacer con ella pequeñas bolitas. A continuación, van pasando estas bolitas a las abejas que tiene por encima en la cadena, hasta llegar a las últimas, que serán las encargadas de dar forma a las celdas que componen los panales.

cadena de abejas fabricando panales

El vuelo de las abejas.

El vuelo de las abejas ha sido hasta hace poco un misterio para los expertos, porque según las leyes de la aerodinámica las abejas no deberían poder volar, debido a las pequeñas dimensiones de sus alas en relación con su cuerpo. Pero evidentemente, vuelan. En este artículo, intentaremos explicar cómo lo hacen.

Las alas de las abejas.

Nos preguntaba el otro día un visitante sobre el número de alas que tiene una abeja. Pregunta aparentemente fácil, pero no tanto, porque mucha gente piensa que tienen dos, cuando realmente son cuatro.

Efectivamente, son dos pares de alas, uno a cada lado del cuerpo, los que posibilitan el singular vuelo de las abejas. Estos dos pares de alas, están adaptados para mantener un vuelo rápido, pero también para soportar una carga, matiz imprescindible para las tareas de recolección, que es uno de los principales objetivos del vuelo de las abejas. El segundo par de alas es de menor tamaño que el primero, y estando la abeja en reposo se encuentra plegado bajo el primero. Cuando la abeja emprende el vuelo, «despliega» este segundo par de alas, y lo engancha al primero mediante una serie de garfios.

las alas de las abejas

Ambos pares de alas, están reforzados por una serie de nervaduras por cuyo interior circula la hemolinfa (la sangre de las abejas). Las alas, en contra de lo que pudiera pensarse, no tienen músculos propios, siendo sus movimientos producidos por los músculos del tórax, que es donde se insertan al cuerpo de la abeja; la contracción alternativa de los músculos transversales y longitudinales es lo que hace que las alas se muevan arriba y abajo.

el vuelo de las abejas

Sección del tórax de las abejas

Desde hace muchos años se viene diciendo que, desde el punto de vista teórico, las abejas no deberían poder volar, pues según el tamaño de sus alas, el peso de sus cuerpos y la aerodinámica conocida, los cálculos dicen que su vuelo no es posible.  Según los cálculos, el problema fundamental radica en que sus alas son tan pequeñas que no deberían producir suficiente sustentación durante el vuelo. Pero es evidente que vuelan.

El misterio del vuelo de las abejas

El mecanismo aerodinámico que da respuesta a esta pregunta, era un misterio hasta hace poco, y ha sido descubierto hace poco por investigadores del Instituto Tecnológico de California. Es básicamente el siguiente:

A diferencia de otros insectos voladores que baten las alas entre los 145 y 165 grados, las abejas las baten menos de 90 grados pero lo realizan a mucha velocidad, a una frecuencia de 230 aleteos por segundo. Utilizan un patrón mixto de aleteo menos eficiente que el aleteo amplio y más lento de otros insectos a pesar de su necesidad de volar lejos en busca de alimento y volver, pero al mismo tiempo pueden conseguir mayor sustentación cuando la necesitan, como al llevar cargas pesada como el néctar y el polen.

La razón de la velocidad anómala del aleteo de las abejas es sencilla, y viene determinada por sus propias necesidades, dado que las abejas dedican gran parte de sus vuelos a permanecer suspendidas en el aire, ya sea mientras recolectan el néctar o polen de las flores, ya sea en maniobras de aterrizaje, en las que el tremendo peso que deben transportar se convierte en una dificultad añadida.

La técnica de las abejas, que ha sido calificada de insólita, consiste en que “el ala se mueve hacia atrás en un arco de 90° y mientras vuelve hacia delante va girando. Dicho proceso se repite doscientas treinta veces por segundo. […] Se parece a una hélice en la que, además, la paleta rotara”, según explica un miembro del equipo de investigación.

El descubrimiento de esta singularidad, podría ayudar a los ingenieros aeronáuticos a diseñar hélices más eficientes o aeronaves de alta maniobrabilidad.

La velocidad del vuelo de la abeja

Según el investigador austriaco Karl von Frisch, la abeja melífera puede llegar a alcanzar una velocidad máxima  de 29 km por hora cuando vuela sin carga desde la colmena hasta su fuente de alimentación, y con viento en calma. Aunque por supuesto, esa velocidad se reducirá si el vuelo de la abeja se produce cargada de néctar o polen. A modo de referencia, cabe aquí indicar que una persona  que no es atleta profesional puede correr a una  velocidad de entre 25 a 29 km por hora durante unos cien metros, por lo que en caso de que nos persiguiera una abeja, es fácil que nos acabase alcanzando.

¿Y en comparación con otros insectos? Para amenizar un poco esta entrada, os invitamos a ver este simpático vídeo de la serie de animación Minuscule, donde un caracol, una avispa, una mariquita, una mosca, una libélula y una abeja de la miel compiten por ver quién es más veloz. ¿Quién creéis que será el ganador?

carrera insectos

 

 

 

 

 

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