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El enjambre de abejas

¿Qué es un enjambre de abejas?

Un enjambre de abejas, no es sino un grupo de abejas que están de viaje, en busca de un lugar donde establecer una nueva colonia. La formación de un enjambre de abejas o enjambrazón supone la división natural de una colonia de abejas, y consiste básicamente en que la que la abeja reina abandona su colmena de origen acompañada de un buen número de obreras. La formación de un enjambre de abejas es un fenómeno natural que suele producirse principalmente a finales de primavera o principios del verano, cuando las colonias de abejas están fuertes y los individuos se apelotonan en su interior, careciendo de espacio para seguir desarrollando la colonia. Existen diversas teorías sobre el mecanismo que hace que una colonia de abejas enjambre; falta de espacio, escasez de feromona real («olor a reina») en la colmena por envejecimiento de la abeja reina,… pero el resultado es siempre el mismo: una parte de las abejas de la colonia, acompañada por su reina vieja, abandona la colmena para buscar un nuevo alojamiento.

enjambre de abejas en una encina

Enjambre posado en una encina en la finca «La Ladera y Picazos», en las proximidades del Aula Apícola Sierra de Hoyo.

Como preparación de su viaje y en previsión de sus futuras necesidades, las abejas que componen el enjambre previamente se habrán llenado el buche de miel, lo cual les proveerá no solo de alimento para su nueva casa, sino de material de construcción, ya que es esa miel la que les permitirá generar la cera necesaria para construir los nuevos panales. Conviene recordar que en términos generales, podría decirse que para generar un kilogramo de cera, las abejas necesitan consumir diez kilogramos de miel.

En busca de nueva casa

La salida del enjambre de abejas de una colmena se producirá de forma tumultuosa y acompañada de un fuerte ruido, producido por el aleteo de los miles de abejas que lo componen. Inicialmente el enjambre se posa en una rama arbusto o saliente próximo a la colmena, adoptando el clásico y llamativo racimo de abejas. Una vez posado, del enjambre comenzarán a partir en todas direcciones abejas exploradoras, en busca de nuevos alojamientos donde fundar una nueva colonia. De retorno a la colmena, estas abejas exploradoras comunicarán a las demás abejas del enjambre la ubicación del alojamiento que han encontrado. El lugar elegido finalmente por el enjambre para instalarse de forma definitiva, lo será por una especie de «votación popular», donde el mayor número de visitas es el factor decisivo para elegir uno u otro de entre los alojamientos propuestos por las exploradoras.

La forma en la que las abejas exploradoras informan al resto de las abejas que componen el enjambre sobre la ubicación del alojamiento que han encontrado, es la misma que la utilizada para informar sobre la ubicación de una fuente de néctar: el llamado baile del ocho, que os explicaremos más adelante en este blog.

Reinas de sustitución

Con anterioridad a la partida del enjambre de abejas, las abejas obreras fabrican nuevas celdas reales, para reemplazar a la reina vieja cuando ésta abandone la colmena. La abeja reina que abandona la colmena es siempre la reina vieja, por lo que siempre es la reina nueva (recién nacida) la que ocupa el lugar de abeja reina en la colmena original.

Control de la enjambrazón

Por supuesto, la enjambrazón no es algo deseado por ningún apicultor, por cuanto que significa la pérdida de abejas en la colmena, y el consiguiente debilitamiento de la misma. Más adelante en este blog os explicaremos cómo hacemos para controlar este mecanismo natural de reproducción de la colmena, de forma que nos podamos aprovechar de él para ampliar nuestro colmenar. Estas medidas pasan principalmente por controlar el vigor y el espacio de la colmena en la época crítica, por provocar su división controlada antes de que la enjambrazón se produzca y, aunque esto no entraría dentro del control propiamente dicho, en la instalación de cajas capta enjambres para favorecer que cuando un enjambre de abejas abandone nuestras colmenas se instale en un lugar controlado por nosotros.

De momento os contaremos sólo, a modo de curiosidad, que antiguamente se pensaba que era posible hacer que, una vez un enjambre de abejas abandonaba la colmena, se posara debido a la intervención del apicultor. En muchos libros clásicos de apicultura, se dice que el ruido producido golpeando cacerolas u otros instrumentos, o el reflejo del sol en un espejo enfocado hacia el enjambre, hace que éste detenga su viaje y se pose en algún árbol o arbusto cercano. No obstante, en muchos otros libros, se dice que lejos de servir para el propósito buscado, estas maniobras solo sirven para provocar un innecesario revuelo en el enjambre.

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Cómo actuar ante un enjambre de abejas

Con la llegada de la temporada de enjambrazón, es frecuente la aparición de enjambres de abejas en viviendas o en la vía pública. ¿Qué se debe hacer en estos casos?

En primer lugar, es necesario destacar que un enjambre de abejas es, por naturaleza, sumamente pacífico. No obstante, podría darse el caso de que las abejas hubiesen sido excitadas por diversos factores, como por ejemplo ruidos inadecuados en las proximidades.

Por ello es conveniente tomar ciertas precauciones dirigidas a evitar riesgos innecesarios.

La primera medida a adoptar sería informar a la gente que se encuentre en las proximidades de la presencia del enjambre de abejas, y señalizar o acordonar la zona. Conviene avisar a la Policía Local para que ellos se encarguen de hacerlo.

El siguiente paso, sería avisar a algún profesional cualificado, como apicultores locales o los bomberos, para que proceda a la retirada del enjambre y traslado a un lugar adecuado.

Es importante evitar cualquier manipulación inapropiada del enjambre y, por supuesto, su excitación mediante el lanzamiento de ningún tipo de objeto para intentar alejarlo, lo cual podría enfurecer a las pacíficas abejas.

Actividades en la naturaleza. Madera muerta.

Actividades en la naturaleza: la Senda Temática

La Senda Temática del Aula Apícola Sierra de Hoyo, ofrece gran cantidad de recursos para el desarrollo de actividades en la naturaleza. Por ello, poco a poco, vamos ampliando sus contenidos didácticos. El objetivo es que nuestros visitantes, además de a las abejas, conozcan lo mejor posible el entorno en el que se mueven.

Una parte muy importante en cualquier ecosistema, es la madera muerta. Por ello hemos decidido dedicar a ella una nueva estación en la senda temática.

Biodiversidad en los bosques: vida en la madera muerta

Porque cuando un árbol muere, la vida no termina en él. Insectos, plantas, hongos,… lo colonizan de forma progresiva para alimentarse o refugiarse. De este modo, se crea un hábitat repleto de vida, clave para mantener la biodiversidad en los bosque. Y en ocasiones, incluso imprescindible para la supervivencia de determinadas especies.

La invasión del árbol por multitud de organismos facilita su descomposición. Hongos y bacterias, hormigas carpinteras, termitas y larvas de  otros insectos, aportan nutrientes y crean un laberinto de túneles que puede ser usado por otros seres. Poco a poco el árbol irá debilitándose hasta caer, rompiéndose en trozos que se irán descomponiendo y fragmentando. Las raíces invadirán la madera hasta alcanzar la médula. Y el tronco irá siendo ocupado por gran variedad de animales que se alimentan de las plantas y cuyos cadáveres, a su vez, servirán para incubar esporas de hongos, sustrato de otras especies invasoras. Todo está relacionado.

actividades en la naturaleza

Al final del ciclo, que durará décadas, el árbol habrá sido hogar de multitud de organismos y base  de una larga cadena alimenticia.

Y por supuesto, uno de los animales que suelen utilizar los huecos existentes en algunos árboles viejos, decrépitos o muertos son nuestras abejas, apis mellifera, para construir sus nidos en el interior.

Peripecias de un apicultor novato. Cosecha milagrosa

Peripecias de un apicultor novato. Episodio duodécimo.

“Una cosecha milagrosa”.

Sin apenas darme cuenta, mi colmenar había ido aumentando hasta aproximarse a las setenta colmenas, lo que, naturalmente, exigía al límite mi capacidad de dedicación, sobre todo, teniendo en cuenta el limitado tiempo que me permitía mi trabajo profesional. Sin embargo, mientras pudiera resistir, no estaba dispuesto a renunciar a mi proyecto. Sería como recortarle las alas a un pájaro que hubieras criado tú desde chiquito.

Para entonces, aquel primer extractor de cinc con la abeja dorada en un lateral había terminado totalmente desvencijado, el pobre. No estaba diseñado para tantas exigencias. Así que, aprovechando (y mal que insista en ello) mi condición de “manitas”, hacía algunos años que había construido uno de seis panales, mucho más estable y capaz de proporcionar mayor rendimiento. Paralelamente, también había tenido que ir aumentando poco a poco la capacidad de los depósitos de maduración, pues, salvo algunas temporadas realmente malas, las cosechas de miel parecían jugar a competencia con mis previsiones.

Como muestra, un botón. Recuerdo que aquel verano teníamos programadas las vacaciones al Grove para la segunda quincena de agosto. En previsión llevé a cabo la cata hacia últimos de julio. A medida que iba sacando los paneles de las alzas, me parecía que pesaban más de lo normal. No me equivocaba, porque, inmediatamente, me sentí desbordado y pensé en el milagro de la multiplicación de los panes. Terminé llenando cuatro recipientes de 200 l., lo que consideré una cosecha magnífica, teniendo en cuenta que, como ya he referido en otra ocasión, nuestra zona no se puede considerar altamente melífera. Antes de marcharnos a Galicia, volví a colocar las alzas en las colmenas, con el fin de que, al regreso en septiembre, las abejas hubieran limpiado los panales para su mejor almacenamiento en invierno.

Mal me imaginaba yo lo que me aguardaba al regreso de vacaciones. Tras unos días de reposo, allá por el día doce o trece de septiembre, tomé mi R-6, retiré los asientos de atrás para ampliar espacio, y, acto seguido, me subí al colmenar con la idea de recuperar las alzas que suponía vacías y limpias. Me esperaba una gran sorpresa. Nada más destapar la primera colmena, ya observé algo extraño. En la parte superior de los panales amarilleaba la cera nueva, lo que me hacía suponer que, por alguna extraña razón, las abejas habían continuado almacenando miel. “¡Que contrariedad!”, pensé. Abrí otra, y sucedía lo mismo. Tras observar las cabeceras de distintas colmenas, pude comprobar que mis obreras, las hacendosas empleadas de mi empresa, no habían dejado de trabajar un solo instante, en tanto que yo y toda mi familia nos habíamos estado solazando en las playas de la Lanzada y de La Toja.

Conicas de un apicultor novato. Alzas repletas de miel

Cuando me sucedía algo así, sentía una gran satisfacción, pero luego, en contra de lo que cabría esperar, cambiaba radicalmente. Al ver la gran cantidad de miel almacenada, comenzaba a sentir aquel agobio que solía invadirme ante la incertidumbre de no saber cómo deshacerme de ella. Para colmo, cuando logré hacer aquella segunda cata a mediados de septiembre, todavía salieron otros 400 kilos. No sabía en donde meterla y tuve que improvisar numerosos recipientes de todo tipo.

No veía salida a tanta miel y os aseguro que me sentí sobrepasado. No sabía qué hacer. Pero sucedió que, comentando lo sucedido entre la familia, alguien me sugirió inesperadamente el nombre de una posible compradora. Otro nuevo milagro. A partir de entonces se iba a hacer cargo prácticamente de la totalidad de mis futuras cosechas. No os imagináis qué peso me quitó de encima. Os hablaré de de ella en el próximo episodio. Vale la pena.

José Núñez López, Noviembre de 2.014

¿Cuánto dura la vida de la abeja?

Esta es una de las preguntas que nuestros visitantes nos suelen hacer con mucha frecuencia durante el recorrido de la Senda Temática del Aula Apícola Sierra de Hoyo.

Nos centraremos en el caso de la abeja obrera, que como ya sabéis es la más numerosa de la colonia de abejas. La respuesta es, como diría un gallego, «depende». Depende, de cuándo haya nacido.

La vida de la abeja de invierno

Si la abeja nació a finales del verano u otoño, su expectativa de vida será de unos tres meses. Eso, si la colonia está adecuadamente preparada para soportar los rigores del invierno; es decir, si tiene suficientes reservas de alimento.

En este caso, la abeja pasará la mayor parte de su vida con una muy escasa actividad, y por tanto desgaste corporal. Se limitará a contribuir junto con el resto de sus compañeras a mantener la temperatura en el interior de la colmena, formando un racimo, tal como vimos en este mismo blog «¿Qué hacen las abejas en invierno?«.

La vida de la abeja en verano

Por contra, si la abeja nació en primavera o principios del verano, el tema se complica para ella, pues le espera una vida de constante y frenético ajetreo, con continuos vuelos diarios en busca de néctar, polen, agua y propóleo. Su cuerpo, especialmente sus alas, sufrirán un rápido desgaste y un proceso de envejecimiento acelerado, que acortará su vida a unas tres semanas aproximadamente.

Ello, suponiendo que no se tope en alguno de sus muchos viajes con un abejaruco, o alguno de los múltiples depredadores que las acecharán para intentar capturarlas al menor descuido.

Muy ilustrativo el siguiente vídeo, espectacular, de una araña capturando una abeja mientras liba el néctar de una flor.

Visitas a las colmenas: despertando

Nuestro colmenar didáctico comienza a despertar a la primavera. Pero que conste que es sólo una forma de describir el comienzo de actividad en las colmenas; las abejas, no hibernan.

Comienza el buen tiempo, y con ellas las primeras visitas de la temporada a nuestro colmenar didáctico. Es el momento indicado para ver cómo han pasado las abejas el invierno; las nuestras, lo han pasado bien.

visita familiar a las colmenas

visita familiar a las colmenas

Aunque durante el invierno la entrada y salida de abejas por la piquera de la colmena algunos días soleados y no muy fríos, nos puede servir de indicador para intuir el estado de la colonia, nunca sabremos cómo está realmente hasta que comience el buen tiempo, pues nunca es bueno abrir la colmena con bajas temperaturas.

A simple vista y con la simple observación de la piquera, ya antes de abrir las colmenas vimos que las colmenas no sólo estaban vivas, sino que como era deseable, estaban empezando a criar. Signo de ello eran las abejas que entraban en la colmena portando bolitas de amarillo polen en su tercer par de patas, polen que va destinado precisamente a dar a las jóvenes larvas el suplemento de proteínas que necesitan para su crecimiento.

Una vez abierta, confirmamos lo ya imaginado; en la parte central de los panales centrales de las tres colmenas, con la característica distribución de capas concéntricas, se distinguen perfectamente los huevos en el centro, y más hacia el exterior las larvas de menor a mayor tamaño, hasta llegar a celdas con cría ya «operculada», encerrada en las celdillas y pasando a oscuras la última etapa de su transformación a abeja adulta.

En esta zona, es normalmente hacia febrero cuando la abeja reina comienza a poner huevos, de forma que el nacimiento de las nuevas abejas obreras, 21 días después de puesto el huevo, coincide con la presencia de flores en el campo. El objetivo es que la población de la colmena sea lo mayor posible cuando más abejas haya en el campo, de modo que la cantidad de miel recolectada al final de la «campaña» sea lo mayor posible.

Os iremos contando más cosas que veamos en nuestras colmenas en sucesivas visitas. En ésta, además de ver que las colmenas están vivas y criando, percibimos que la reina de una de ellas es un poco novata…..  ¿Que por qué lo sabemos? eso os lo contaremos otro día, si decidís seguirnos.

Visita guiada a las colmenas

Aunque si lo preferís, os animamos a que os vengáis con nosotros, y así os explicaremos todas estas cosas allí mismo. Os podemos asegurar que será una experiencia excitante, que os asombrará.

El vuelo de las abejas.

El vuelo de las abejas ha sido hasta hace poco un misterio para los expertos, porque según las leyes de la aerodinámica las abejas no deberían poder volar, debido a las pequeñas dimensiones de sus alas en relación con su cuerpo. Pero evidentemente, vuelan. En este artículo, intentaremos explicar cómo lo hacen.

Las alas de las abejas.

Nos preguntaba el otro día un visitante sobre el número de alas que tiene una abeja. Pregunta aparentemente fácil, pero no tanto, porque mucha gente piensa que tienen dos, cuando realmente son cuatro.

Efectivamente, son dos pares de alas, uno a cada lado del cuerpo, los que posibilitan el singular vuelo de las abejas. Estos dos pares de alas, están adaptados para mantener un vuelo rápido, pero también para soportar una carga, matiz imprescindible para las tareas de recolección, que es uno de los principales objetivos del vuelo de las abejas. El segundo par de alas es de menor tamaño que el primero, y estando la abeja en reposo se encuentra plegado bajo el primero. Cuando la abeja emprende el vuelo, «despliega» este segundo par de alas, y lo engancha al primero mediante una serie de garfios.

las alas de las abejas

Ambos pares de alas, están reforzados por una serie de nervaduras por cuyo interior circula la hemolinfa (la sangre de las abejas). Las alas, en contra de lo que pudiera pensarse, no tienen músculos propios, siendo sus movimientos producidos por los músculos del tórax, que es donde se insertan al cuerpo de la abeja; la contracción alternativa de los músculos transversales y longitudinales es lo que hace que las alas se muevan arriba y abajo.

el vuelo de las abejas

Sección del tórax de las abejas

Desde hace muchos años se viene diciendo que, desde el punto de vista teórico, las abejas no deberían poder volar, pues según el tamaño de sus alas, el peso de sus cuerpos y la aerodinámica conocida, los cálculos dicen que su vuelo no es posible.  Según los cálculos, el problema fundamental radica en que sus alas son tan pequeñas que no deberían producir suficiente sustentación durante el vuelo. Pero es evidente que vuelan.

El misterio del vuelo de las abejas

El mecanismo aerodinámico que da respuesta a esta pregunta, era un misterio hasta hace poco, y ha sido descubierto hace poco por investigadores del Instituto Tecnológico de California. Es básicamente el siguiente:

A diferencia de otros insectos voladores que baten las alas entre los 145 y 165 grados, las abejas las baten menos de 90 grados pero lo realizan a mucha velocidad, a una frecuencia de 230 aleteos por segundo. Utilizan un patrón mixto de aleteo menos eficiente que el aleteo amplio y más lento de otros insectos a pesar de su necesidad de volar lejos en busca de alimento y volver, pero al mismo tiempo pueden conseguir mayor sustentación cuando la necesitan, como al llevar cargas pesada como el néctar y el polen.

La razón de la velocidad anómala del aleteo de las abejas es sencilla, y viene determinada por sus propias necesidades, dado que las abejas dedican gran parte de sus vuelos a permanecer suspendidas en el aire, ya sea mientras recolectan el néctar o polen de las flores, ya sea en maniobras de aterrizaje, en las que el tremendo peso que deben transportar se convierte en una dificultad añadida.

La técnica de las abejas, que ha sido calificada de insólita, consiste en que “el ala se mueve hacia atrás en un arco de 90° y mientras vuelve hacia delante va girando. Dicho proceso se repite doscientas treinta veces por segundo. […] Se parece a una hélice en la que, además, la paleta rotara”, según explica un miembro del equipo de investigación.

El descubrimiento de esta singularidad, podría ayudar a los ingenieros aeronáuticos a diseñar hélices más eficientes o aeronaves de alta maniobrabilidad.

La velocidad del vuelo de la abeja

Según el investigador austriaco Karl von Frisch, la abeja melífera puede llegar a alcanzar una velocidad máxima  de 29 km por hora cuando vuela sin carga desde la colmena hasta su fuente de alimentación, y con viento en calma. Aunque por supuesto, esa velocidad se reducirá si el vuelo de la abeja se produce cargada de néctar o polen. A modo de referencia, cabe aquí indicar que una persona  que no es atleta profesional puede correr a una  velocidad de entre 25 a 29 km por hora durante unos cien metros, por lo que en caso de que nos persiguiera una abeja, es fácil que nos acabase alcanzando.

¿Y en comparación con otros insectos? Para amenizar un poco esta entrada, os invitamos a ver este simpático vídeo de la serie de animación Minuscule, donde un caracol, una avispa, una mariquita, una mosca, una libélula y una abeja de la miel compiten por ver quién es más veloz. ¿Quién creéis que será el ganador?

carrera insectos

 

 

 

 

 

Haz click aquí para ver el vídeo

Peripecias de un apicultor novato (I)

Como sabréis si leéis de vez en cuando nuestro blog, desde hace unas semanas el padre de Clara, Pepe, nos está ayudando con las tareas de acondicionamiento de nuestro Huerto Escolar. Quizás estemos abusando un poco de su buena disposición a colaborar con nosotros y de su afición a escribir (aunque sabemos que en el fondo le hace ilusión), y le hemos pedido que nos cuente también sus experiencias como apicultor, que lo fue y durante muchos años en su Galicia natal. Este, es el primero de sus relatos.

Peripecias de un apicultor novato

Episodio primero.

Yo he sido apicultor durante más de cuarenta años, y ahora mis hijos, Clara y Nacho, me han pedido que cuente mis peripecias de principiante. Tengo 80 años y dicen que a esta edad nos gusta rememorar nuestras aventuras del pasado, porque creemos que han sido excepcionales. No es éste mi caso, pues más bien creo que las mías pertenecen  al común de los mortales. Aún así, os cuento.

Jamás se me había pasado por la imaginación dedicarme a la apicultura. Pero no porque mi madre dejara de recordarme de cuando en cuando que en su familia siempre había habido alguien que se dedicara al cuidado de las abejas. Me hablaba con frecuencia de su tío Joaquín, que fuera maestro y había tenido colmenas, hasta que un accidente lo dejó inválido y hubo de abandonar profesión y colmenas. Recuerdo que algunas veces hasta me llevaba al terreno del viejo colmenar y me mostraba restos de corchos y maderas en descomposición, que habían pertenecido a las antiguas colmenas. Creo que trataba de inocularme el veneno de la apicultura, aunque, muy a pesar suyo, no lograba hacer mella en mi desinterés.

Pero, cuando menos lo esperaba, intervino el azar. Tenía yo veintitrés años y trabajaba en las oficinas de una Empresa, que estaba construyendo en nuestro pueblo una central hidroeléctrica. Era el mes de abril y calentaba ya la primavera. Cuando regresaba a casa después del trabajo, mi madre me esperaba en la puerta mostrando en su cara gran excitación. Tomándome de la mano, me acercó a la vieja higuera que había al fondo del huerto.

-Mira, Pepe –me dijo emocionada-, mira lo que cuelga de esa rama….

-Y ¿qué es esto, madre? –contesté mientras contemplaba aquella bola negra.

-¡Un enjambre, no lo ves, hijo, un enjambre enorme! –trató de aclararme.

-Y ¿qué quieres que haga yo con él, madre? –le pregunté un tanto desconcertado.

-Hay que hacer una colmena, pues no podemos dejarlo escapar. Los enjambres levantan el vuelo al día siguiente, nada más que calienta el sol…

Acababa de recibir la primera lección de apicultura por parte de mi madre y aquella noche me costó coger el sueño, pensando en cómo salir de aquel enredo. Pero, sin que yo me diera cuenta, ella ya me había clavado el primer aguijón de los muchos que habría de soportar a lo largo de mi actividad de apicultor…

En el próximo relato os contaré cómo di forma a la colmena que quería mi madre.

José Núñez López

enjambre como el hallado por el apicultor novato

 

Senda de las abejas

La senda de las abejas del Aula Apícola Sierra de Hoyo, es una de las unidades de contenido de la Senda Temática, que también incluye otras unidades sobre flora, fauna, geología y usos tradicionales.

Se trata de un recorrido circular, en el que mediante paneles informativos se da al visitante una completa visión de la vida de este insecto, probablemente uno de los animales más estudiados a lo largo de la historia. A lo largo de la senda, el visitante irá conociendo poco a poco desde los tipos de abejas que hay ó su morfología externa, hasta su compleja estructura social, sus órganos de los sentidos ó sus sorprendentes sistemas de comunicación.

Explicación personalizada

En caso de que la visita sea guiada, un monitor les acompañará durante la senda, explicando en cada una de las estaciones de información la unidad correspondiente, y respondiendo cuantas dudas puedan surgirle al visitante.

De este modo, el recorrido podrá ser desde una amena explicación en movimiento para los más pequeños, hasta una charla  más especializada, en función de la voluntad y conocimientos previos de los visitantes.

SENDA DE LAS ABEJAS HOYO DE MANZANARES

Senda de las abejas, y algo más …

El propio recorrido de esta senda de las abejas da lugar a que la actividad se convierta en un agradable paseo en el que además de la explicación, el visitante disfrutará del entorno, y tendrá ocasión de conocer esta singular Reserva Natural, e incluso ver a algunos de los animales que en ella viven, o descubrir sus rastros.

Como complemento a la senda de las abejas están el jardín de flora melífera, donde los visitantes conocerán algo más sobre algunas de las plantas usadas en la zona para elaborar la miel, y la estación de polinización forestal, donde el visitante podrá conocer más a fondo la importantísima labor que la abeja melífera desempeña en la naturaleza y en la conservación de la biodiversidad.

Y como colofón a la actividad cabe la posibilidad de  hacer una visita al colmenar didáctico, donde los visitantes podrán ver en una colmena viva todo lo que previamente habrán aprendido durante el recorrido de la senda de las abejas. Por supuesto, convenientemente protegidos mediante vestimenta adecuada.

Abejas y polinización: plantas labiadas

Hablar de abejas y polinización, no es sólo hablar de la consecuencia del trabajo de las primeras sobre la segunda, sino es hablar de una relación de intercambio entre los insectos y las plantas. El mecanismo mediante el cual las llamadas plantas labiadas, tales como salvia ó romero, son polinizadas por las abejas, constituye un bonito y curioso ejemplo de colaboración o adaptación mutua (y hay teorías que dicen que incluso coevolución) entre las abejas y algunas de las flores que polinizan.

esquema de una flor

Todo parte de la existencia de un interés mutuo entre ambos agentes:

La flor, en este caso la de las plantas labiadas, ofrece a su huésped un líquido azucarado (néctar) que éste necesita para elaborar la miel.

A cambio, la flor es fecundada al transportar la abeja que la visita, sobre su cuerpo y enganchado en los pelillos que lo recubren, el polen recogido en una visita anterior a otras flores de la misma especie, y haciéndolo llegar al estigma de la flor.

En el caso de la flor de plantas labiadas como la salvia, la lavanda o el romero, la propia flor constituye un ingenioso mecanismo que, a modo de trampa, “fuerza” a aquellas abejas que quieran libar de sus nectarios a cubrir su cuerpo con polen, que en sucesivas visitas a otras flores de la misma planta irá siendo esparcido entre ellas, produciendo su fecundación y, en consecuencia, iniciando la cadena de producción de semillas.

plantas labiadas: el romero

Abejas y polinización : el caso de la salvia

El ingenioso mecanismo, explicado en la siguiente viñeta sacada de la revista El Cárabo (un clásico para los amantes de la naturaleza en nuestro país), consiste básicamente en una plataforma sobre la que se debe posar la abeja para acceder al cáliz de la flor. Cuando la abeja se posa sobre esa plataforma e intenta acceder al néctar, los estambres de la flor golpean el cuerpo de la abeja, cubriéndolo de granos de polen que quedan enganchados en los pelos que lo recubren.

abejas y polinización

De este modo, cuando la abeja abandona la flor para volar a otra, se ha cumplido una doble misión; la abeja lleva en su buche el néctar que la flor le ha ofrecido, y al mismo tiempo transporta sobre su cuerpo el polen de la flor, produciéndose de este modo la llamada polinización cruzada.

Es importante destacar que la abeja melífera es sin duda el mayor polinizador que existe en la naturaleza. Ello, es debido a que se trata de una de las sociedades más organizadas del reino animal, que vive en colonias compuestas por numerosísimos individuos, y con un alto grado de especialización y efectividad en su trabajo como polinizador.