Apicultura y ecoturismo

Hace algún tiempo, nos pidieron que escribiéramos algo sobre nuestra experiencia como empresa que combina entre sus actividades el turismo con la apicultura, y con la gestión sostenible de un espacio natural. Este artículo, en el que hablamos sobre el desarrollo de actividades turísticas en la naturaleza y su potencial impacto negativo, fue el resultado de nuestras reflexiones.

Apicultura y ecoturismo: La experiencia del Aula Apícola de Hoyo de Manzanares

Apicultura y turismo podrían parecer en principio actividades con poca relación entre sí. Mediante este artículo pretendemos poner de relieve el potencial turístico de esta actividad milenaria, y hacerlo además como posible complemento de la misma.

Pero lo primero sería aclarar con qué forma de turismo pretendemos vincular una actividad como la apicultura, tan arraigada en nuestros espacios naturales. Y de paso, pararnos a reflexionar sobre las sustanciales diferencias entre el a veces llamado “turismo verde”, y el ecoturismo.

”Turismo verde” vs ecoturismo

El turismo relacionado con el medio ambiente y la naturaleza, en multitud de variantes, está en auge. De forma genérica, a esta forma de turismo se le suele poner la etiqueta de “turismo verde”, como si de un sello de calidad (o más bien marca comercial) se tratara; lo “verde” está de moda, y por tanto vende más.

Por desgracia, muchas de estas formas de turismo son confundidas con demasiada frecuencia con el turismo sostenible y con el ecoturismo, y promocionadas como actividades supuestamente beneficiosas para los espacios naturales o municipios donde se desarrollan. Un importante error, puesto que se trata de conceptos que no sólo son diferentes, sino que incluso en ocasiones pueden llegar a ser antagónicos.

Según la Organización Mundial del Turismo, se denomina Turismo Sostenible a aquel que “tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”. Prioriza pues la sostenibilidad de la actividad, preocupándose por cumplir tres preceptos básicos:

  • conservar el patrimonio natural y cultural
  • ser viable económicamente
  • contribuir al progreso de la comunidad donde se desarrolla.

Por Ecoturismo, se entiende el “viaje responsable a espacios naturales, que implica la conservación del medio ambiente, mantiene el bienestar de la población local e incluye la interpretación y la educación” (The International Ecotourism Society, 2015). Es una forma de turismo más concretamente ligada a un espacio natural, enfocada a conocerlo, interpretarlo y disfrutarlo, que contribuye de forma práctica a su conservación y repercute positivamente en la población local.

Los principios específicos que lo diferencian del turismo sostenible, de ámbito más general, radican básicamente en la contribución activa del ecoturismo a la conservación del patrimonio natural y cultural, y en la inclusión de las comunidades locales en su planeamiento y desarrollo, contribuyendo por tanto a su bienestar.

Se pretende aquí aportar un enfoque de las actividades tradicionales ligadas a nuestros montes, y en concreto de la apicultura, como potenciales recursos turísticos, o más concretamente ecoturísticos. Para ello, se parte por definición de la premisa básica de que sean beneficiarios de la actividad turística el propio apicultor y el entorno en el que se desarrolle la actividad.

La masificación de visitantes, en poco beneficia a la población local y aún menos al entorno.

Los riesgos del (mal) llamado “turismo verde”

La apicultura es uno de los aprovechamientos más ancestralmente ligados a nuestros montes, y sin duda uno de los más beneficiosos para los mismos. Durante siglos ha sido una actividad ligada a la vida cotidiana, subsistencia incluso, de muchos habitantes de nuestros pueblos.

Pero los tiempos cambian a marchas forzadas, y con ellos los usos ligados a nuestros espacios naturales.

Hoy día, abandonadas o relegadas a un papel casi testimonial muchas de la actividades tradicionales ligadas al aprovechamiento de nuestros montes, vemos como van siendo sustituidas por otras de diferente índole.

Entre ellas proliferan las actividades promovidas por empresas con nula vinculación con la gestión de los espacios naturales (entre las que destacarían muchas de las denominadas como turismo activo, de aventura o deportivo) y que bajo la etiqueta de “turismo verde”, los instrumentalizan y convierten en simples áreas de negocio donde desarrollar actividades empresariales con bajo coste y menor inversión.

Dichas actividades  y negocios son ajenos a los anteriormente citados preceptos del turismo sostenible y más aún del ecoturismo. Además, provocan la afluencia a los espacios naturales de tal cantidad de visitantes, que son cada vez más las voces de alarma que alertan sobre su masificación, y sobre el efecto perjudicial de ésta sobre su conservación.

La propuesta del Aula Apícola Sierra de Hoyo

En contraposición a esta forma de turismo en la naturaleza, desde el Aula Apícola Sierra de Hoyo se viene promoviendo desde hace una década una forma de turismo ofertada desde los propios espacios naturales y por quienes los gestionan, complementaria al aprovechamiento sostenible de los recursos y a la conservación del patrimonio natural y cultural de los espacios naturales donde se desarrolla.

Una forma de turismo que vincula la actividad apícola con la sensibilización ambiental y la divulgación, convirtiendo esta faceta divulgativa en un producto complementario o alternativo a la actividad apícola tradicional. Y todo ello íntimamente ligado a la gestión sostenible y conservación del espacio natural en que se asienta, generando un beneficio directo y concreto sobre él.

ecoturismo
Ecoturismo ligado a la gestión sostenible y conservación del espacio natural en que se asienta

Para ello, se considera fundamental respetar tres principios básicos:

Minimizar los impactos negativos sobre el entorno. Para ello se desarrollan actividades de bajo impacto, con un número de visitantes limitado y priorizando la creación de zonas disuasorias frente al empleo de  las zonas más frágiles y valiosas.

Promover y mejorar la conservación del patrimonio natural y cultural. Mediante labores de sensibilización y divulgación, actuando como área disuasoria y realizando acciones concretas de conservación y mejora sobre el entorno.

Búsqueda de la máxima eficiencia en el aprovechamiento de los recursos naturales. La eficiencia es un factor clave en el aprovechamiento de cualquier recurso natural. Consiste en la obtención del mejor resultado posible con el mínimo consumo de recursos. Debe buscarse la optimización del uso de dicho recurso, anteponiendo calidad y efectividad a cantidad para garantizar su conservación (e incluso mejora), y procurando el máximo beneficio. Beneficio que podrá ser económico, que garantice la sostenibilidad de la actividad, medioambiental y cultural, en forma de mejor gestión del espacio natural y del patrimonio cultural asociado a él, y social, mediante la creación de empleo directo, beneficio indirecto sobre el tejido empresarial, y garantizando el máximo respeto a los derechos y la vida cotidiana de la población local. Detalle este último que rara vez es tenido en cuenta a la hora de evaluar los impactos de una actividad turística, y que puede llegar a ser una importante fuente de malestar en la sociedad anfitriona.

El papel de las administraciones públicas

Debemos apostar por la adecuada gestión del patrimonio natural y cultural ligado a nuestros espacios naturales, para garantizar su adecuada conservación. Y habría que considerar su posible aprovechamiento turístico como parte de esa gestión y supeditado a ella; estudiar y evaluar la sostenibilidad del aprovechamiento, sus impactos negativos y positivos, y la eficiencia en el empleo de recursos naturales frente a los objetivos buscados.

Consideramos en este sentido de vital importancia que las administraciones públicas tomen conciencia de las diferencias aquí expuestas sobre los diferentes tipos de turismo en el medio natural, de los impactos de unos y otros sobre el mismo, y de quiénes son sus beneficiarios reales.

Así mismo deberían tomar conciencia de que el fomento de formas de turismo promovido desde empresas ajenas al ámbito municipal y a la gestión del territorio, cuyo objetivo sea exclusivamente la obtención de un beneficio económico, con una nula implicación en la gestión y conservación de los espacios naturales, suele generar una masificación de visitantes, que en poco beneficia a la población local y aún menos al entorno.

Una masificación no sostenible a largo plazo, y que por su escasa eficiencia en cuanto a generación de beneficios para el municipio, consideramos contraproducente a largo plazo tanto para la conservación del entorno como para el bienestar de la población local.

Y creemos que, por el contrario, el incentivo y promoción de formas de ecoturismo auto sostenido como el aquí expuesto, sería beneficioso para la gestión y conservación de nuestros espacios naturales, además de  potencial generador de empleo y dinamizador de la economía local, y ello de forma respetuosa con los derechos y bienestar de la comunidad anfitriona.

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